En Trujillo las primeras reformas sanitarias de los cementerios fueron impulsados por el obispo Baltasar Martínez Compañón, quien ordenó el traslado de los cadáveres debajo del atrio de la Catedral a una bóveda subterránea debajo del Tribunal de Diezmos, puesto que los canales de agua que se repartían a través de la ciudad muchas veces causó filtraciones y ciénagas, ocasionando el malestar de la población, aquejada por la pestilencia y suciedad que emanaban de este ambiente, ocasionando enfermedades y epidemias. El terreno para el cementerio fue donado por don Juan…
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