La corrupción mata en los hospitales

Por Yuri Castro
Periodista

En la vida  hay que ser siempre agradecidos, sobre todo con aquellos que no tienen ni una gota de tu sangre corriendo en sus venas, pero, justo cuando más los necesitas, se comportan como verdaderos hermanos. La lealtad y el respeto no son códigos que así nada más los cultiva cualquiera.

El colega Luis Cadenillas Nieto, recientemente muerto contagiado por el letal coronavirus, siempre estuvo a la altura y se ganó el cariño de mi familia. Una de ellas fue cuando años atrás mi padre, colega también suyo y compañero de trabajo por años en Radio San Sebastián de Chepén, provincia de la cual provengo, sufrió un aparatoso accidente de tránsito.

A Cadenillas, ‘Luchito’ como lo llamábamos de cariño, le debó su acompañamiento en esos momentos de desesperación. Pero no solo es eso. A Luis Cadenillas Nieto le debo mi ingreso oficial al periodismo. Sin proponérselo ni imaginarlo, menos celebrarlo, se convirtió en mi padrino en el sendero de esta noble y sacrificada carrera. No hubo ceremonia especial ni nada, pero sí la enorme satisfacción de recibir mi primer carné de prensa con su sello y firma que siempre ha sido garantía de profesionalismo, valentía e integridad. Cuando aún era estudiante universitario, me hizo corresponsal de Radio San Sebastián en Trujillo y, más adelante, bajo su recomendación, empecé a cumplir la misma función para la Coordinadora Nacional de Radio (CNR) de Lima, que reunía emisoras educativas y comunitarias a nivel nacional. Fue todo un lujo tener a ‘Luchito’ como director no solo por su calidad como profesional, sino como persona.

Cadenillas fue esa guía inicial, junto a mi padre, para abrazar el periodismo con pasión, pero sobre todo con humildad. Esto último lo hizo muy querido en Chepén, provincia donde nació y con la cual siempre estuvo muy comprometido. Recuerdo que, en alguna oportunidad, hace unos diez años atrás, incluso, estuvimos ambos sentados en el tribunal de los acusados por supuesta difamación luego de haber realizado una investigación conjunta, cuando trabajaba en el diario La República, en la que se desnudaba actos de corrupción en la gestión municipal de turno de Chepén.

Sin duda, la partida de Luis Cadenillas deja un gran vacío, pero también impotencia e indignación. Es triste decirlo, pero con el autor de este artículo, vía WhatsApp, un día antes de su muerte, estuvo clamando ayuda para que lo instalen en una cama de Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital de Chiclayo. A diez horas de haberse conseguido la bendita cama se apagó su vida, como los miles de personas que están partiendo no a causa del coronavirus, sino por la maldita corrupción que mantiene por años en el olvido a los hospitales, sin balones de oxígeno y otros equipos para salvar vidas. Que todos estos decesos marquen un hito para que se despierte la conciencia ciudadana de que la corrupción mata y mata en masa.

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Un comentario sobre «La corrupción mata en los hospitales»

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