“VUELE ALTO SEÑORA DEIDAMIA”

Por: Percy J. Paredes Villarreal

I

Todos y todas, los y las que hemos estudiado y amamos la antropología, hacemos uso de las técnicas, instrumentos, metodología y aplicamos la etnografía. A partir de la recolección de información vamos a tratar de entender el mundo y la realidad local; luego describirla y generar cambios que se dan en uno mismo, en la familia, en la comunidad, y en la sociedad.

Como lo describe Roger Bartra (antropólogo mexicano) en su libro “Territorios del terror y la otredad”, donde destaca que, si bien la antropología nació para estudiar, entender, y generar cambios, en las sociedades simples, ágrafas; luego vinieron los procesos de colonización y descolonización, donde estos cumplieron un rol a favor o en contra de la independencia de sus pueblos. Con el transcurrir del tiempo, en la actualidad, el antropólogo debe comenzar a estudiar los problemas contemporáneos que vive el mundo actual.

A la vez, el objeto de estudio de nuestra carrera profesional es el hombre y su interrelación con sus pares, con la familia, la comunidad; desde su diversidad. Por eso se habla mucho de la otredad, que viene a ser el estudio del otro.

Particularmente, desde los inicios de la formación académica profesional de la antropología en la región norte de nuestro país hasta nuestros días; existen pocos artículos, ensayos, estudios académicos serios que hayamos podido leer sobre la familia que puede ser nuclear o extensa, matrilocal o patrilocal, y mucho menos su relación con el proceso migratorio, ahora se le denomina movilización, en la ciudad trujillana.

Es importante mencionar que la migración permanente que se dio fue la andina, que en sus inicios del siglo pasado no pudo romper con una estructura jerárquica tradicional, colonial y oligárquico que predomino a lo largo de los primeros 50 años; donde el proceso de aculturamiento, adecuación y subordinación a la cultura criolla, por parte de los primeros migrantes a Trujillo se mantuvo.

Estas costumbres y tradiciones coloniales que hubo en la capital de la primavera; cuyos patrones culturales existente en aquellos tiempos provenían de la etapa colonial y en la república se sostuvo; transmitiéndose a través de las diversas instituciones bajo el predominio de la oligarquía y luego clase pudiente.

Pero, conforme iba pasando el tiempo, y el éxodo migratorio permanente hacia la ciudad de Trujillo, en las siguientes etapas, comenzó a ir construyendo una nueva identidad al cual se le denomino la identidad “Chola”, basado en el emprendimiento, en las actividades económicas terciarias, de servicios, donde las redes sociales y los sistemas de reciprocidad, intercambio y compadrazgo, que eran expresiones del mundo andino, se fueron adecuando a la nueva realidad territorial, teniendo como resultado la diversidad cultural, y el multiculturalismo, existente en el nuevo contexto de la sociedad trujillana.

Del racismo y discriminación que predomino en gran parte del siglo pasado, se pasó a la interculturalidad y a la nueva identidad trujillana, que ha sabido adecuarse a una ciudad que poco a poco a mantenido algunos patrones culturales ancestrales, como otros que han comenzado a fusionarse para dar paso al sincretismo; y en otros casos han aparecido nuevas manifestaciones culturales que vienen adecuando a los cambios, en el que también no se ha puesto al margen de la globalización; por el contrario, también ha sabido insertarse en este contexto, utilizando la tecnología para poder visibilizarse nacional e internacionalmente.

II

Cuando uno comienza a leer a Oscar Lewis en su famoso libro titulado “La Antropología de la Pobreza”, cuyo estudio duró más de 15 años, centrándose en el seguimiento a 5 familias ubicados en situación de pobreza, resaltando las relaciones de reciprocidad e intercambio, el don, entre otros temas de suma importancia para conocer más a fondo la familia.

Considero que es uno de los estudios sumamente importante, dándole un giro a la antropología; pero a la vez, permitió abrir nuevos temas de investigación. Para ello creó nuevos instrumentos y técnicas para la recolección de la información.

Producto de estos cambios, hemos entendido que la construcción de la historia de las comunidades nace a partir de las acciones que realizan las familias; además, de las relaciones de reciprocidad, intercambio y la revalorización de los saberes ancestrales, las tradiciones y los patrones culturales; del mismo modo, juega un rol sumamente importante la cosmovisión particularmente andina. Estas categorías, se obtienen mediante la observación y entrevistas, a los propios actores.

Asimismo, observamos a las familias que se van desplazando hacia otros lugares, en el cual se van adaptando y adecuando a la dinámica social, cultural y económica; del mismo modo, van a creando y recreando sus formas de vida y convivencia. Como también se va insertando a la modernización del territorio, en algunos casos manteniendo su identidad cultural o en otros, asimilándose totalmente.

Oscar Lewis, influyo mucho en los nuevos estudios antropológicos, en los estudiantes de la UNT a fines de la década de los 90 del siglo pasado; particularmente en el trabajo de campo, en la convivencia entre el investigador y el investigado, el uso de la observación directa y participante; realización de entrevistas y más que todo en el involucramiento del investigador con las comunidades andinas.

Como sucedió con nuestra generación, en que bajo la conducción del profesor Elías Minaya, tuvimos la oportunidad hacer trabajo de campo, mediante la convivencia con familias andinas por cerca de un año; particularmente, el equipo de trabajo que conforme con Martin Escobar, nuestra investigación se realizó en la comunidad de Huamanzaña, distrito de Chao, que colinda con comunidades pertenecientes a la provincia de Santiago de Chuco; otros colegas lo realizaron en otras comunidades dentro del distrito.

Esa experiencia nos permitió, estudiar a las familias campesinas, que en el corto tiempo se convirtieron en “híbridos”, porque vivían en esta zona y luego se trasladaban a la capital de la región, en que también tenían sus casas, y además de tener vivienda en Chao.

Estas familias dedicadas a la agricultura en su lugar de origen, y en la ciudad al transporte, algunos de ellos contaban con camiones, otros taxis; asimismo algunas de estas familias, sus hijos estudiaban en las universidades. Nos permitió entender la racionalidad andina de estas, mediante el espíritu de superación lograron una mejora en su calidad de vida.

En este lugar predominaban las familias nucleares, que luego se convirtieron en extensas como: Ruiz -Tapia, Tapia – Ruiz, Mendoza – Tapia; en toda comunidad andina, observábamos la convivencia y a la vez los conflictos internos que se daba. En algunos casos, por el control de los cargos en las instituciones como en las organizaciones.

Asimismo, veíamos el rol patriarcal existente en la comunidad y en la familia, mediante el cual, por ejemplo, el padre para tenerlos cerca a sus hijos; les asignaba una hectárea mientras que a sus hijas, media para cultivarla y sostenerse.

Después de esta experiencia, hace 10 años pude pasar por este lugar; en el cual ya no había habitantes. Creo que todos migraron a Trujillo; debido a la falta de políticas de desarrollo en la agricultura; ya que, para el estado y el gobierno, lo más importante es el latifundio antes que la agricultura familiar y el minifundio.

III

Uno de los impulsores de estos cambios socioculturales y económicos que se dan en la sociedad trayendo como consecuencia la construcción de una nueva identidad trujillana, ha sido la familia; particularmente, las que han provenido del ande liberteño. Este proceso migratorio realizado durante el periodo de convulsión y violencia interna en que vivió nuestro país, afectando las comunidades, distritos de las provincias de Julcán, Otuzco, Santiago de Chuco, Huamachuco.

Estos actos de violencia política, en la Libertad se inició a mitad de la década de los 80 del siglo pasado, trayendo como consecuencia el arrasamiento de algunos hogares y comunidades andinas; producto del enfrentamiento entre la policía y los grupos terroristas, los habitantes que no tenían nada ver en estos conflictos, pero trajeron las consecuencias. Ya que, comenzaron a desaparecer padres, madres o familiares, que eran asesinado por las fuerzas del orden o de los grupos terroristas, haciendo que muchas familias de estos territorios migraran a la ciudad, para poder protegerse y sobrevivir ante esta ola de violencia.

Estas familias que llegaron a la ciudad provenientes del mundo andino trajeron sus costumbres y tradiciones, que supieron adecuarlo a la nueva dinámica social, cultural y económica de la ciudad, generando cambios superficiales, más no sustanciales. Muchas de estas nunca renunciaron a su identidad andina, ni tampoco a sus modelos de vida tradicional; por el contrario, se fueron innovando en la forma y no en el fondo.

Producto de ello, es que comenzaron a construirse espacios de reciprocidad, de organizaciones, asociaciones de residentes, grupos juveniles, provenientes de diversos lugares de origen, y a la vez transmitieron de manera endocultural estas tradiciones; que lo supieron adecuar a la nueva realidad en que se instalaron.

Estas asociaciones y familias permitieron que muchos y muchas familias conjuntamente con sus hijos e hijas, comenzaron a insertarse en las diversas instituciones, sociales, culturales, deportivas, religiosas, académicas, etc.; de esa manera sostener y fortalecer sus patrones culturales, su cosmovisión e ir innovando esos saberes ancestrales. Algunos pensaban que la presencia y adaptación en la costa, implicaría la pérdida de su cultura ancestral; pero fue todo lo contrario, comenzaron a reinsertar y reinventar, evitando su extinción.

La familia jugo y sigue jugando un rol importante y protagónico en la construcción de la identidad trujillana; ya que transmitieron los conocimientos ancestrales de la familia y de la comunidad de sus orígenes, a sus nuevos descendientes; mediante el sistema y las relaciones de parentesco.

La presencia de familias nucleares poco a poco comenzó a extenderse y expandirse territorialmente, con predominio patriarcal, y la línea matrilineal, son las que siguen asumiendo el rol y conducción familiar. Las familias tradicionales donde el padre era el encargado de resolver las necesidades y la madre dedicada a las actividades domésticas; en algunos casos, estos roles fueron cambiando, debido a la propia dinámica de la sociedad, y las responsabilidades domésticas comenzaron a ser reciproca;  en otros casos la madre y el padre trabajan, quedando la responsabilidad del hogar en el hijo o la hija mayor, quien asumía el rol de padre y/o madre, durante la ausencia de los progenitores.

En el plano sociocultural, en algunas familias migrantes, hasta la fecha se mantiene algunas características culturales ancestral de sus tierras de origen, resaltando la relación de la familia con la asociación de personas de su tierra, asumiendo la responsabilidad y retos de mantenerlo, uno de esos ejemplos, es la relación de familia – religiosidad; en el cual desde sus antepasados lo siguen cultivando, he allí el gran merito de las familias andinas que llegaron a estas tierras.

 

IV

La semana pasada, despedimos a la madre de nuestro colega Dante Hernández Prieto, doña Gudelia Mercedes Prieto Campo Verde; que a sus 96 años falleció, dejándonos un legado histórico de su vida, transmitiendo sus  conocimientos y saberes ancestrales; para irse al otro mundo al cual se le denomina “El Mundo Terrenal”. Pero como se dice en el mundo andino, “Cuando una buena persona muere, tiene que llevarse a otros/as”; y el día viernes 20 de marzo del presente año, también nos dejó otra gran madre, la señora “Teofila Deidamia Torres Velasquez”, madre de nuestra compañera de estudios universitarios, antropóloga, colega, compañera de muchas batallas por los derechos humanos, la justicia, impulsora y defensora de la cultura y cosmovisión santiaguina.

Como lo manifesté en la despedida a la “Mamá Gudelia”, nacimos como compañeros de estudios, luego hicimos un grupo de trabajo de los diversos cursos que llevamos, posteriormente, al egresar mantuvimos esa relación y ese vínculo, que tras la confianza y la permanente comunicación hemos llegado a mantener no tan solo esa amistad, también una hermandad donde nos confiamos nuestras cosas, nos hemos soportado desde hace 32 años; en este grupo no tan solo es alegría, hay momentos de discusiones tensos, pero siempre estamos unidos.

Nuestras reuniones, conversaciones coloquiales, nos han permitido conocernos más, hemos aprendido de los otros y otras, de su historia, de sus costumbres y tradiciones, de su pensamiento, de los diálogos alturados, que nos han enriquecido. Pero más que todo asimilado cosas nuevas de la historia de vida que tiene cada uno.

Esa historia viva que cada uno ha ido construyendo, producto de su proceso evolutivo, sus conocimientos aprendidos, y sus acciones realizadas; así como también el emprendimiento de muchas iniciativas individuales, que se plasman de manera colectiva. Tiene resultados que muchas de las veces son muy positivas y fructíferas; pero en otras ocasiones no han salido como uno pensaba, y allí viene el temperamento, para reintentarlo y volver a emprenderlo con algunos cambios o modificaciones; obteniendo resultados positivos.

En esas iniciativas, encontrábamos a la señora Deidamia, que a pesar del tiempo dedicado al hogar y a sus hijos, apoyaba las iniciativas de ellos y ellas. Particularmente a Anita, la hija mayor, con quién no tan solo hubo una relación de madre-hija, también fue de amigas, de comunicación permanente y de confianza.

Como toda madre, aparte de las labores doméstica, también trabajaba, atendía el hogar; y se daba abasto para participar en las actividades sociales y religiosas, que desde muy joven se vinculó con la parroquia en su tierra y que en Trujillo también se vinculó. Pero lo más resaltante, es el amor a su santo patrón “el Apóstol Santiago”; inculcando a sus hijos valores, como: el amor, la devoción, la identidad y la cosmovisión, de la tierra de Vallejos.

La familia Dionicio Torres, liderado por el padre y la madre, vinieron de Santiago de Chuco, siendo sus hijos muy pequeños; teniendo que adecuarse y adaptarse a la realidad urbana y costeña. Que fácilmente hubieran sido absorbido por la modernidad occidental que la cultura trujillana, en ese momento predominaba; lo cual no fue así, porque dentro de sus raíces, había esa cosmovisión que no quería desprenderse de ese legado andino.

La señora Deidamia, como toda madre santiaguina, fue una pieza clave para que sus 5 hijos sean profesionales, la conductora del hogar que supo encaminar por el derrotero del bienestar familiar; además de cumplir con el objetivo que se propuso al llegar a esta ciudad.

Del mismo modo, el involucramiento del padre y la madre en las asociaciones santiaguinas fue para defender y  mantener viva esa cultura en Trujillo,  fortaleciendo su devoción a su santo patrón el “apóstol Santiago”, que en el corto tiempo comenzaron a innovar mediante el proceso de peregrinación, el cual semanas antes de los días centrales de su fiesta patronal, los santiaguinos acompañan a su santo patrón iniciándose en las playas de Huanchaco hasta la plaza de armas de Trujillo; luego en caminata se trasladan por la carretera panamericana sur hasta Chao, deteniéndose en diferentes lugares de la carretera, donde familias santiaguinas esperan a su “Santo Patrón”; de esa manera continúan su peregrinación para ingresar por  Santa Rita, luego Huamanzaña, seguidamente Yacamate, Huaranday, Calipuy y llegar a Santiago de Chuco, que es recibido por la población con mucha alegoría y devoción, dando inicio a su festividad.

En todo este proceso de peregrinación son acompañados por los “Caballeros de la Orden de Santiago”, por sus fieles devotos, y en algunos tramos su danza folclórica ancestral de “Los Pallos”.

Desde que se inicio este proceso de peregrinación, hace 10 años, hasta la actualidad la familia Dionicio – Torres, son los que siempre han estado liderando esta innovación; incorporando a muchas familias santiaguinas. Teniendo en la señora Deidamia, el apoyo incondicional para que se cumpla con lo que se planifico.

Este año nuevamente, el apóstol “Santiago de Chuco”, retornara a visitar su tierra; pero desde el cielo la señora “Deidamia”, conducirá, y estará al lado de su santo patrón acompañando, haciendo seguimiento y monitoreo para que esta peregrinación, sea mejor que años anteriores. Este es un legado que ha dejado en la familia y que debe continuar con esta tradición.

En el mundo andino, la despedido de un ser querido, no es de tristeza es alegría, de esa manera recordaremos a la señora “Deidamia”, como siempre ha sido, alegre, humilde, sencilla, amorosa con su esposo, hijas, hijos, nietos. Asimismo existe un dicho que dice: “Ya cumplí con mi familia, ahora quiero descansar y estar al lado de mi señor todo poderoso”.

“Vuela Alto señora Deidamia”.

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