Sólo la ciudadanía sociocultural nos ayudará a enfrentar mejor la pandemia del Covid-19.

Por: Heider O. Escalante Gómez / Antropólogo social

Existen formas para enfrentar al enemigo que nos asecha de manera “invisible”: primero, información y conocimiento de nuestro adversario, en este caso el COVID-19, está demostrado que una persona o comunidad puede tener poder económico, político y militar, pero sino no tiene información y conocimiento de los cambios que se vienen generando en el mundo, fácilmente los hará perder dichos atributos y se convertir en un mendigo de su propio poder: la ignorancia. La pregunta es ¿Qué sabemos realmente de este nuevo virus?, la respuesta tienen dos aristas: por un lado, se puede afirmar que con el empoderamiento de los medios de comunicación, la tecnología y las redes sociales, existen grupos de personas que de manera consciente o inconsciente difunden información a la población sobre el origen, propagación y consecuencias del coronavirus, sin acreditar fuentes de originalidad y confiabilidad, esta información por lo general provoca miedo y pánico.

La otra arista, es el acceso a la información confiable (científica), resultado de investigaciones o estudios, que ahora, son preliminares, pero que proviene de fuentes más fidedignas; veamos algunos datos recogidos de diferentes escritas: el primer caso reportado de Neumonía de Wuhan-China (Covid-19) fue el 31 de diciembre del 2019 y que al 22 de marzo; es decir, después de 83 días, en el mundo existen 305,325 casos identificados, de los cuales 12,994 han fallecidos que representa el 4.3% (tasa de mortalidad) y que sólo el 31.1%, es decir 94,834 personas enfermas se han recuperado.

Los países donde tiene mayor incidencia el covid-2019 son: China con 81,304 casos, 4.0% de muertos y 71,857 enfermos recuperados (88.7%), a la fecha no registra casos autóctonos, solo importados; Italia con 59,138 casos confirmados y 9% (5,476) de fallecidos, con sólo 7,024 (11.3%) de personas recuperadas; España con 28,572 casos confirmados y 5.4% (1,720) fallecidos y sólo el 8.5% (2,575) enfermos recuperados. Si comparamos esta información con las que se evidencian en nuestro país, que a la fecha tiene 363 casos confirmados, el 1.4% (5) fallecidos y 0.3% (01) enfermos recuperados, podría generar muchas reflexiones, que no es de interés abordar ahora.

Esta comparación en términos de casos no resulta muy prudente por los diferentes escenarios de los países; sólo lo propones para destacar la segunda forma para enfrentar el nuevo coronavirus: la estrategia (intervención) que se despliega frente a un enemigo invisible, toda estrategia para que sea eficaz debe tener claridad respecto a lo que se quiere lograr, es decir, el objetivo, el cumplimiento de éste, requiere del manejo de información y conocimiento confiable y talvez lo más importante el nivel de conciencia de quienes lo impulsan; el éxito de una estrategia depende de la anticipación y la prospectiva, pero fundamental de la interiorización de los actores o ciudadanos; la estrategia en general que se viene implementando en nuestro país es asertiva por la oportunidad en la cual se ha tomado; sin embargo, el proceso de implementación está desnudando la precariedad de nuestro sistema sanitario, que es una expresión del quehacer de nuestra clase política gobernante, que siempre tiene una mirada chata y privada del desarrollo del país; hoy nos encontramos enfrentado un enemigo que no la vemos, pero que ataca en cadena y en conjunto a la población, convirtiéndose en un problema de todos y no sólo de unos cuantos o del sistemas de salud.

Hoy, en pleno “combate” con nuestro enemigo invisible; la pregunta es ¿por qué se recurre a la población para tratar de frenar la propagación del nuevo coronavirus?; la respuesta puede ser simple, por ser una enfermedad contagiosa, quien podría negar dicha afirmación; sin embargo, creo que tenemos que tener una mirada más profunda de las decisiones gubernamentales que se vienen tomando, la reflexión parte de señalar que esta pandemia está poniendo a prueba los sistemas políticos vigentes en cada país, unos democráticos y otros llamados autoritarios; la evidencia que tenemos hasta ahora es que los países democráticos (Italia, España y otros) recurren a la participación y solidaridad de la gente para ayudar a resolver este problema, pero también lo hace los países considerados con sistemas políticos autoritarios como es el caso de China y otros pocos países, que hasta ahora vienen teniendo mayor éxito en enfrentar esta pandemia; es en este escenario donde surge nuestra tercera forma para enfrentar tan grave problema:

La ciudadanía sociocultural, a la cual todos los gobiernos del mundo están apelando, siendo conscientes que nada o muy poco han hecho por tener una país de ciudadanos, por el contrario vienen promoviendo la formación de individuos o sujetos con sus propios intereses; sólo han entendido que la ciudadanía es la adquisición de un documento de identidad de la población para ser parte de un país o por el contrario que un gobierno entrega un “carnet de ciudadano” a la gente; la ciudadanía, es un proceso en construcción permanente con y entre la gente, con nuestro vecinos, con nuestra comunidad, con nuestras autoridades; donde el gobierno, es un actor clave que facilita, que lidera de manera democrática, consensuada procesos de cambio en favor de la gente, y que en este actuar el gobierno, y por lo tanto el Estado se convierte en ciudadano. Mata Benito P. y et al. (2014) sostienen que “la ciudadanía no es una condición adquirida, sino un proceso que se construye en interacción con los demás…”; debemos tener presente que la ciudadanía es conocimiento, es una práctica, es un comportamiento consciente y voluntario de los actores, existe un elemento clave que alimenta la ciudadanía sociocultural: la educación, que busca tener ciudadanos plenos; sin embargo, la educación utilitarista es la que predomina en nuestro sistemas educativos. Por eso ahora, cuando el gobierno solicita a la población que se comporten o actúen como buenos ciudadanos, ésta reacciona de manera indiferente, que si no fuera por la estrategia desplegada por los medios de comunicación que están induciendo miedo y pánico por el contagio generalizado del covid-19, la población continuaría buscando su beneficios individuales, característica esencial de una sociedad extremadamente utilitarista.

Para culminar esta reflexión, debemos precisar que en una sociedad utilitarista como la nuestra, predomina la cultura del trabajo (lo material); es decir, la gente vive para trabajar y acumular riqueza, mientras que, en una sociedad humanista, predomina la cultura de la ciudadanía; es decir, la cultura de vivir juntos; por esta razón y además por el grave problema que estamos enfrentando, debemos tener la capacidad para reconocer que antes que individuos somos ciudadanos por naturaleza que luchamos por nosotros como tales, pero de manera especial por nuestros semejantes y el hábitat en el cual vivimos.

“SOLO CON BUENAS PRÁCTICAS CIUDADANAS VENCEREMOS A LA PANDEMIA DEL COVID-19”

 

Heider O. Escalante Gómez / Antropólogo social

1 Antropólogo Social; Director de la Escuela de Antropología de la UNT.

Email: hescalanteg@unitru.edu.pe, plataforma virtual: www.heiderescalante.pe

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