LA ANTROPOLOGIA ENTRE LA CONCIENCIA SOCIAL Y EL LIBRE MERCADO. A PROPOSITO DE LA “CARTA ABIERTA A LOS ANTROPOLOGOS DESAPLICADOS” Y OTROS

Por: Percy J. Paredes Villarreal

La aprobación de la Ley N° 32667 Ley que Modifica la Ley N° 24166, que crea el Colegio Profesional de Antropólogos a fin de ampliar las disposiciones sobre su creación y fines, aprobado mediante insistencia por el Congreso de la República; viene generando dentro de nuestra comunidad profesional muchos debates a favor o en contra. Y eso es algo normal y natural, que apertura espacios de discusión alturada y con argumentos, que puedan enriquecer el desempeño del egresado y titulado profesional, como también recoger los puntos flacos y vacíos, que podrían mejorar la nueva ley que se acaba de promulgar, particularmente en su reglamentación.

En estas últimas semanas, hemos podido leer algunas críticas con sus respectivos argumentos a esta nueva Ley del Antropólogo, que hubiese sido interesante que se haya hecho dentro de los canales organizacionales respectivos, para enriquecer el debate, con la finalidad de mejorarlo. Pero como peruanos, en muchas ocasiones, esperamos que se aprueben las normas, para recién ponernos a leer, analizar y cuestionarlo; es decir preferimos el “Hecho consumado” antes que el “Prevenir para lamentar”.

En este proceso de cuestionamiento a la nueva Ley N° 32667, el antropólogo y docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Luis Reyes Escate, escribe un documento titulado “Carta Abierta a los Antropólogos Desaplicados”, cuyo texto tiene que ver con un tema actual y vigente de nuestra profesión; dicho artículo lo divide en varios tópicos, confundiendo lo que es la formación del antropólogo, con lo que debe ser el fortalecimiento del antropólogo profesional, cuyo respaldo y  garantía debe ser brindado por la institución respectiva, que en este caso es el Colegio Profesional, como son las demás entidades similares existentes en el país.

Por lo que considero tomar en cuenta dos puntos sumamente importantes para el debate, que nuestro colega ha mencionado, y amerita profundizar:

 

Formando al futuro Antropólogo:

La formación académica que se brinda a los estudiantes de antropología, en las diferentes universidades nacionales y privada, se da dentro de un contexto sociopolítico, cultural y económico neoliberal que fortalece el capitalismo, influenciados por el libre mercado, el consumismo, el extractivismo y las oportunidades laborales de subordinación o servilismo, en el que muchos de los colegas tienen que aceptar para obtener un trabajo y sueldo precario, que les permita sobrevivir. Para lo cual, estas actividades laborales son más funcionales, pragmática y operativas, dejándose de lado, el pensamiento crítico, la conciencia social, el humanismo, la ética, la dialéctica, entre otros; ya que todo esta organizado, no hay que hacer observaciones ni críticas al proyecto, solamente implementar lo que ya se encuentra escrito; es decir convertirse en un simple peón.

Desde que se implementó el neoliberalismo en el país, muchas escuelas académicas profesionales de Antropología se adaptaron y se adecuaron a los cambios del momento diseñando el currículo e incorporando cursos netamente técnicos, optando por temas superficiales que la sociedad consumista pide; reemplazando la formación antropológica tradicional, basado en la teoría, en los conceptos, en los instrumentos de campos. Es decir, formar antropólogos/as para el mercado, y que este debe elegir a un determinado profesional, pero lo ideal nunca se plasma en la realidad; por el contrario, se encuentra de espaldas al contexto, porque muchas veces, en el aspecto laboral, influye las relaciones amicales para obtener un trabajo bajo ciertos condicionamientos; demostrando que el pragmatismo es lo que en última instancia se opta.

Asimismo, el autor se hace algunas preguntas sobre el quehacer del antropólogo, particularmente referido al uso de instrumentos para la recolección de información cualitativa, como: etnografía, trabajo de campo permanente, la lectura y el estudio del problema, las entrevistas a profundidad, la observación directa y participantes, entre otros; dejando de ser elementos básicos en la formación del antropólogo, para realizar sus estudios o investigaciones, y luego implementarlo. Siendo reemplazado por el dato, por el tiempo corto en campo, por la supervisión, por el trabajo en la oficina o de gabinete, por el reporte rápido, por el “hueveo”, por el pragmatismo y la ganancia rápida, convirtiendo a la “cultura” en una mercancía y una oportunidad para ganar dinero fácilmente.

Por lo tanto, considero que existe un pragmatismo, que viene predominando en algunas escuelas de formación académica profesional de antropología; ya que la curricula, los cursos que se brindan, y los docentes, preferentemente se ubican dentro de una supuesta adecuación al modelo de desarrollo y el contexto sociocultural en que nos encontramos, y a la demanda que debería existir en el mercado. Esto quiere decir, convertir a la formación antropológica en una profesión dedicada a lo que está de moda y a la demanda existente en el mercado; no interesa si el que egresa, como producto, es de calidad o no. Ya que la especialización debe corresponderle al Colegio Profesional. Recuerdo en una ocasión cuando enseñaba en la universidad, un colega me decía “Por que no lo apruebas a todos tus alumnos; así no sepa nada pásalos. Que tanto problema te hace”.

El colega cuestiona al antropólogo egresado haciéndole recordar la formación recibida, pero no evalúa la formación que se le brinda, a lo largo de los 5 a 6 años de estudios universitario, que se dictan en las 10 universidades del país (9 públicas y 1 privada). Donde vemos aparte de la curricula que son elaborado por un comité de profesores que deben ser “expertos”; también se debe contar con la calidad de los formadores, la experiencia profesional y la producción académica e intelectual que han desarrollado a lo largo de su vida profesional. ¿Existirán esos criterios para contratar a colegas en las universidades o es que sigue predominando el amiguismo, el partidarismo?, o es que todavía predomina ¿El profesor antropólogo en Antropología? o ¿El profesor antropólogo de antropología?

Y por último, se debe conocer al estudiantado, que en muchos de los casos llegan por ocasión que por vocación; ya que sus aspiraciones son otras carreras, pero porque no pudieron ingresar en primera, optan por la segunda opción; para luego, algunos de ellos, si tienen la oportunidad de volver a postular a otra carrera y de ingresar se cambian de especialidad; también existen aquellos que en paralelo llevan otra profesión en universidades privadas, particularmente aquellos que cuentan con recursos o apoyo de sus padres.

También podemos mencionar la falta de motivación o lo que algunos colegas liberales reemplazan la denominación de “romanticismo” por el “Marketing” de la carrera profesional de antropología; que les permita enamorarse de la profesión, del compromiso con las poblaciones vulnerables e interseccionales, del trabajo de campo, de la convivencia con las poblaciones alejadas. Obviamente, que para muchos antropólogos liberales, no es tan importante ni prioritario; por el contrario, el antropólogo debe centrarse en temas que demandan ganancias y rentabilidades, teniendo un trabajo citadino, urbano y no en las zonas rurales o andinas.

 

La profesionalización de los Antropólogos:

En los inicios de la antropología cuyos primeros estudios fueron las sociedades ágrafas, simples, estuvieron a cargo de investigadores provenientes de especialidades diferentes y que gracias a esos estudios se comenzó a construir lo que en la actualidad se habla de antropología.

En esos tiempos, hubieron muchos antropólogos que se dedicaron a estudiar comunidades indígenas, nativas, cuya información eran utilizado por invasores para seguir dominando y mantener la colonialidad; pocos fueron los antropólogos que utilizaron sus conocimientos para liberar a las grandes poblaciones de los diversos continentes del mundo, que se habían convertido en dependiente de los imperios.

Esa contradicción y conflicto siempre ha existido y seguirá existiendo, así estemos en épocas pasadas como en tiempos modernos; donde hay empresarios y/o colegas que utilizan a los antropólogos egresados o nuevos para invadir o colonizar sus patrimonios, a cambio de unos centavos. Como otros, que mantienen sus principios o valores y los rechazan; por lo tanto, esto tiene que ver con la ética o los valores, en otros casos optan por el dinero, ganancias y comodidades, antes que el valor humano, la ética, la conciencia social.

Actualmente, la ciencia antropológica ha crecido en diversos sectores en que se debe intervenir, como también en profesionales, pero su presencia y aporte al desarrollo del país; sigue siendo mínima en comparación a otras profesiones. Se necesita antropólogos especialistas en diversos temas, pero en muchos de los casos no estamos preparados para dirigir o conducir; debido a las limitaciones que tenemos, particularmente en la formación.

Del mismo modo, la especialización es enorme, pero lastimosamente nos concentramos en unas pocas, y no ampliamos nuestro horizonte.

El mercado laboral tanto público como privado es amplio, hay muchas oportunidades, pero en la gran mayoría no son cubierto por los antropólogos, porque uno de los requisitos es hacer trabajo de campo ir a las comunidades; y muchos de los colegas, no les gusta hacer campo, ni ir a las comunidades a convivir con las poblaciones.

Uno de esos ejemplos son los programas sociales que viene implementando el Estado, donde se requieren antropólogos, y las plazas no son cubiertos por estos; por lo que, encontramos profesionales de otras disciplinas como: Enfermeras, Ingenieros, educadores, obstetras, etc., que cubren esos espacios, cumpliendo funciones que les compete a los antropólogos. En ese caso, debemos preguntarnos, de quien es la responsabilidad de que los colegas no tengan una presencia y participación en los diversos espacios laborales que brinda el Estado; es del propio colega, Colegio profesional o de la formación que reciben en las Universidades; algunos liberales dirán que es responsabilidad de cada uno de ellos.

Es verdad que existen muchos y muchas colegas que laboran en otras cosas más no en la profesión, debido a que ganan un poco más, tienen más tiempo para dedicarse a otras cosas, o inclusive porque no se sienten a gusto con la profesión. Esto se debe a múltiples factores que van desde el desinterés por la profesión, como por solamente tener un título y colgarlo en la pared de la sala de su casa, para que las familias o personas que lo visitan vean que tiene un título, pero que no lo ejercen.

 

Defendiendo la institucionalidad:

Vivimos en un país donde la institucionalidad se viene precarizando, y no existe respeto a estas, por múltiples razones. Tampoco encontramos compromiso de nosotros por nuestra carrera profesional, siempre hemos y seguimos siendo indiferente, debido a nuestro individualismo; esa es uno de los grandes problemas existente desde tiempos pasados.

Algunos bajo el argumento de que la antropología es una carrera liberal, siempre hemos podido observar que muchos han optado por buscársela de manera independiente e individual.

Los grandes proyectos de inversión privada y públicas, conjuntamente con las oportunidades laborales, siempre se han centralizado en la capital del país; de donde se recluta a la mayoría de los profesionales. Mientras que, en las regiones, esas oportunidades no llegan o son escasas; el centralismo es muy fuerte e inclusive laboral.

Asimismo, en el campo académico, vemos a muchos colegas limeños, que tienen la oportunidad de seguir estudios en el exterior con becas; cosa difícil para uno que culmina sus estudios en regiones, y que para estudiar maestría o doctorado lo tiene que hacer con sus propios recursos. Por lo que las competencias son desiguales.

Esta nueva ley es una oportunidad, para que nuestra carrera profesional se visibilice, y asuma responsabilidades importantes dentro de la sociedad y el desarrollo del país. Del mismo modo, dentro del Estado, pero para ello los antropólogos debemos estar preparados académica, intelectual, ética y moralmente; para asumir responsabilidades de lo contrario seguiremos siendo invisibilizado por las otras disciplinas.

La conciencia social de los antropólogos, es uno de los elementos fundamentales que todos debemos llevar presente, actuando en los diversos lugares donde laboremos, donde tengamos la oportunidad de hacer antropología; es decir conocer la realidad para que conjuntamente con los involucrados tomemos la decisión beneficiando a los sectores más necesitados, a los invisibilizados, a los sectores interseccionales; para algunos esto será sinónimo de romanticismo, pero es algo innato en los antropólogos generar cambios de abajo hacia arriba.

Entradas relacionadas

Deja un comentario