El miedo a la “indiada” rebelde viene desde la colonia

Por: José Espinola
Antropólogo Social

Cuando San Martín proclamó la independencia del país: ¿de qué nos liberó? La historia oficial nos dice que del yugo español. Pero no parece ser verdad, pues las estructuras políticas y económicas coloniales siguieron intactas por muchos años. Incluso los rezagos de ellas están en el presente. Tal parece que aquello de la independencia solo fue coral (puras palabras), pero no real.

El historiador    Jorge   Basadre señala que se cambió el sistema colonial por una república aristocrática que reprodujo los mismos prejuicios socioculturales establecidos desde la colonia. Es decir, aquel 28 de julio de 1821, solo fue pasar de sistema colonial injusto, a una república injusta. O como diría el poeta La Riva: ¡se cambió mocos por babas!

Desde entonces la única forma de superar esa condición ha sido la rebeldía. Y sabemos que a muchos eso no gusta, al contrario: ¡espanta! O como diría Uriel García: “el temor a la indiada” rebelde siempre estuvo presente.

¿Qué se puede esperar de un pueblo oprimido? Es natural su rebeldía. Además, tienen bien internalizado que la mayoría de libertades, mejoras sociales y económicas que hoy gozan, se han conseguido mediante presiones sociales, no por la desinteresada generosidad de la clase política. Y desde luego, es doloroso que muchos peruanos tengan que morir en el camino. La muerte nunca serán la solución. Pero justamente para que paren las muertes y la opresión hay que protestar, pues los políticos establecidos en el poder no quieren entender de otro modo. Pese a que, en el Perú de hoy, son responsables directos de las muertes y enfrentamientos entre peruanos.

Esta vez, quienes vienen decididos a hacer presión política son los peruanos del sur, particularmente los de Puno. Ellos están convencidos que los “caminos de la legalidad” propuestos por algunos, solo conducen a fortalecer a los grupos de poder establecidos, con lo cual aumenta el problema. Ellos saben que los congresistas actuales y los que acompañan a Dina Boluarte, solo quieren su beneficio y el de los grupos de poder económico que los mantiene. Por eso, quieren que se vayan todos, lo más pronto posible.

Cada vez, el descontento popular crece. Y en la misma proporción, crece el temor a que ese pueblo desilusionado y enfurecido, se desborde. La historia nos indica que reprimir a los peruanos solo empeorará las cosas. En el caso del pueblo puneño, hay un momento en la historia, en el que se levantó. Los resultados fueron aterradores. Contaré brevemente aquel pasaje de la historia. Notaremos la similitud con el momento actual.

Era el gobierno de Mariano Ignacio Prado, quien está librando campaña contra Pezet por la reconquista que los españoles quisieron hacer. Por ese entonces los puneños se rebelaron contra los abusos que los hacendados de esa zona aplicaban, amparados en antojadizas interpretaciones de normas que promulgó el gobierno central, con la anuencia del Congreso de entonces. Cuenta el historiador Jorge Basadre que la situación era tan critica que, incluso gente de las clases altas, protestaba.

Ejemplo de ello, es lo realizado por un acomodando como Paz Soldán, quien criticaba la situación del sur del Perú, señalando que, en la zona de Puno, los indígenas pasaron a ser esclavos. Poco a poco, se gestó las condiciones para que un conocido comerciante de origen puneño, de nombre Juan Bustamante, replique en Puno las protestas que se habían iniciado en Cusco y que se venían extendiendo a varias zonas del sur.

Juan Bustamante inició su protesta en la altura puneña de Huancané. Este líder criticaba los abusos contra sus hermanos puneños, el centralismo y las leyes abusivas. En el fragor de su lucha, terminó integrando la organización llamada “Sociedad Amiga de los Indios”. Desde luego, los hacendados y los grupos de poder económico influyentes en el gobierno de turno, incidieron para que el Estado reprima a los manifestantes «en nombre del orden y la paz».

En su desesperación por evitar que el indio se descontrole, el coronel Baltasar Caravedo dio la orden de incendiarlos, torturarlos e infundirles todo el miedo posible para que ya no se vuelvan a revelar. La represión fue brutal. Y como casi siempre pasa, todo intento de pacificación a la fuerza, genera más resentimiento y rebelión: el pueblo puneño se enardeció más.

Las manifestaciones puneñas se acrecentaron y se extendieron por todo el sur. Destacan los conocidos levantamientos de Huancané, Azangaro, la Cobina, y sobre todo, la famosa Batalla de Pusi. Todo entre 1866 a 1867.

En esa batalla mueren miles de personas. Juan Bustamante y todo su apoyo es derrotado ahí. Y para dar la imagen pública de que fue vencido, los militares le obligaron a cargar los cadáveres a la vez que fue apedreado y paleado por sus verdugos, hasta morir.

Otros compañeros de lucha fueron encerrados en calabozos, otros fueron azotados hasta morir y otros fueron despojados de sus familias y muchas otras formas de difundir simbólicamente miedo y terror para que nunca más vuelvan a revelarse. Algunos congresistas de ese entonces protestaron, denunciando que las formas de control impuesta por el gobierno, fueron desproporcionadas. Incluso Manual Pardo y La Valle, el primer presidente civil que tuvimos, presentó un informe diciendo que la causa de la fragmentación del país era el centralismo limeño. El gobierno de turno dijo que iba a investigar, pero nada, todo quedó en un trámite judicial.

Como habremos notado, hay muchas similitudes entre aquellos enfrentamientos del pasado con los de hoy, pues las actuales protestas son resultado de heridas sociales, muchas veces históricas. Asimismo, habremos notado que los pueblos del sur son determinados cuando toman decisiones en oposición a regímenes políticos. Ellos saben de luchas, conocen el hambre, saben de sufrimientos. A ellos no les asusta los sacrificios.

Han muerto muchos de ellos, en las últimas protestas. Nada los calmará hasta la pronta salida de los Congresistas y Dina Baluarte. Ellos no vienen por sangre, ellos vienen por justicia y mejor bienestar. Un anhelo que prometió la fundación de la república, pero que hasta hoy no se cumple plenamente. Por eso el pueblo se queja y se queja. Es lamentable que los políticos no quieran entender de otro modo, pese a que el malestar social y el rechazo siga creciendo, y no parará hasta que el gobierno de turno y los congresistas, se vayan.

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