Trujillo, un territorio sin marca territorial

Han pasado 202 años y Trujillo se ha convertido en una importante metrópoli cosmopolita. Miles de personas lo habitan y lo sostienen. Trujillo fue considerado por años la ciudad con la población más culta del país. Aquí se formaron Antenor Orrego, Haya de la Torre, Vallejo, Ciro Alegría, Garrido Malaver y otros.

Sobre la base de su herencia Moche y Chimú se construyeron importantes caminos, sembríos, centros de producción, transformación y más. Todo esto fomentó nuevas relaciones sociales de producción, destacando su estructura política, económica y sociocultural española, que a la vez propició la migración del campo a la ciudad. Así pues, Trujillo dejó de ser una ciudad señorial para convertirse en una ciudad popular, llena de migrantes que forjaron distritos mediante invasión y la fuerza, siendo ello reflejo de la incapacidad del Estado para promover el cambio dirigido.

 

 

 

En los tiempos contemporáneos han surgieron nuevos personajes que lastimosamente también hablan de lo que es Trujillo. Por ejemplo, en la política tenemos a los inefables Acuña, Márcelos, Locos de Moche, los Bazán, etc. Hasta ranqueadas organizaciones criminales: los ochenta, el gringasho, los caga leche, etc.

Pero Trujillo no es solo esos males que alberga, sino también las ventajas y oportunidades que brinda. En Trujillo se han podido constituir y se vienen gestando también importantes eslabonamientos empresariales (clústeres) en torno al calzado, la agro industria, los productos hidrobiológicos y otros que permiten emplear de forma directa e indirecta a miles de sus habitantes.

Asimismo, Trujillo sigue siendo la ciudad de soporte del turismo en la región. La ciudad ofrece servicios de calidad envidiable. Y mantiene vigente sus recursos turísticos materiales e inmateriales. Las villas emblemáticas del pasado, no han desaparecido tampoco, al contrario, han potenciado y elevando sus ventajas comparativas y competitivas con importantes infraestructuras como es el caso de Simbal, Shirán, Conache, Virú, Moche, etc.

Trujillo en los últimos años ha perdido playas, es cierto, es el caso del Balneario de Buenos Aires, ya no existe y nos da rabia que ello haya pasado (Alguna solución tendrá que darse a este problema). Mientras tanto, aún están vigentes importantes playas como Salaverry, las Delicias, Huanchaco, Huanchaquito y Las Totoras, por decir algunas.

También tenemos la fiesta de la marinera, carnavales, el museo del juguete, las iglesias, el Jr Pizarro, La Nacional de Trujillo, el teatro municipal, los balcones y las ventanas coloniales, por decir algunos. No puede pasar al olvido tampoco las obras de importantes artistas como David Novoa, Gerardo Chávez, Walter Curonisi, Mariano la Torre, Carlos Azabache y más.

Junto a lo dicho tenemos una impresionante oferta gastronómica: El shambar, el cuy, la patazca, la patita en fiambre, el combinado de carretilla, los tamales amarillos, las humitas, las acuñas, los “kinkones, la papita rellena del Mansiche, los dulces del Jr. San Martín, los jugos en el San Agustín y el mercado central (donde la compra viene con piropo).

En pescados y mariscos tenemos una inmensidad de cevicherías a todos los precios y para todos los gustos, incluso de noche, y en todos los lugares, incluso en la barriada más alejada. También hay cientos de pollerías, chifas, parrillas y restaurantes de especialidad como la Guisada de Vallejo, los caldos de la Av. América, la 28 de Julio y la 29 de diciembre. Y si quieres más, tienes la sopa teóloga, el migadito y el ceviche de caballa. Y si eso te queda corto, tienes un centenar de restaurantes de autor y emblemáticos mercados populares como la Hermelinda y la Unión, donde venden desde colita de chancho frita, motecito pelado, rellenas, jamón, quesos y pellejito de chancho reventado y guisado con papas, ají rojo, servido con arroz de trigo graneado.

En suma, lo que quiero decir es que las ventajas del territorio no se promocionan adecuadamente, y hemos dejado que predominen en el imaginario nacional e inter nacional las noticias policiales y los inefables políticos. Por eso pienso que Trujillo es un territorio, sin marca territorial.

¿Qué promocionamos de Trujillo? ¿Cómo queremos que nos conozcan? ¿Con qué productos, con qué recursos, con qué nivel de calidad asocian al territorio? Hay que reconocer que hoy, en un mundo interconectado globalmente, los territorios compiten por atraer inversionistas y flujos de turistas. Para promocionar el territorio como un espacio de oportunidades y de importancia turística sirve el concepto y la metodología de marca territorial. Considero que una forma de contribuir a que Trujillo siga su camino hacia la modernidad es que se pueda trabajar estos aspectos. Es una forma más de homenajear a Trujillo. Porque nació virtuoso por su herencia natural e histórica. Está en manos de los ciudadanos que lo habitan y sus autoridades hacer de Trujillo una mejor ciudad. ¡Felices fiestas Trujillo! ¡Felices fiestas a todos sus habitantes!

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