Por: Elias Minaya
Las Olimpiadas Deportivas son una gran oportunidad en que los países se muestran en lo que son en todo sentido. El deporte, de hecho, podemos entenderlo como el barómetro que muestra el desarrollo humano, a lo cual deben contribuir todas las políticas de Estado y preocupación de las instituciones privadas que tanto se privilegia como gestor del desarrollo. Lo que están logrando nuestros representantes en las Olimpiadas de Paris 2024 es encomiable, mérito mayormente personal de sacrificio y hasta privaciones ante la indiferencia o escuálido apoyo del Estado a través del IPD, situación persistente desde los inicios de nuestra participación en 21 torneos olímpicos, en los 100 años en que se realizan estos Juegos.
En todos los Juegos Olímpicos en que hemos participado, pobremente hemos sumado 5 medallas (1 de oro, 3 de plata y 1 de bronce,).
Ésta última, en la disciplina de velas en las Olimpiadas de Paris, disciplina que es un deporte náutico de regatas, que por su costo es mayormente elitista. Ante este logro, está bien, nos enorgullecemos como peruanos, felicitamos a nuestros deportistas y esperamos mayores logros; sin embargo, que no sea consuelo para dejar de reflexionar y exponer nuestro desasosiego y frustración ante el abandono o apoyo mezquino al deporte.
En estas circunstancias, también es frustrante que los medios de comunicación sólo exalten estos exiguos logros. Los periodistas y otros comunicadores sociales que debieran contribuir al desarrollo cultural de los diferentes sectores sociales, no muestran conciencia de esta coyuntura y no exponen temas para el debate que motiven la opinión pública.
Es necesario comprender, a partir de estos pobres resultados en el deporte, porque estamos mal también en otros aspectos: falta de fuentes de trabajo dignos y bien remunerados, deficientes servicios en educación, salud, vivienda, infraestructura vial, transporte.
Frente a todas estas falencias: porqué predomina la informalidad e ideologías absurdas que sustentan políticas ambiguas como el emprendedurismo ; porqué las clases sociales media se están empobreciendo y la pobreza se extiende a la extrema pobreza; porqué se incrementa la criminalidad, la extorsión, el sicariato; porque somos indiferentes y permisivos ante la corrupción, la coima; por qué no aparecen partidos políticos idóneos para debatir y atender estos cruciales problemas.
Por qué no entendemos que la mejor riqueza que tiene un pueblo, una nación, un estado, es su propia gente, que para potenciarla en conocimientos, capacidades y destrezas hay que invertir fuerte y en forma sostenida, y no tratar de engañarla con migajas como actualmente ocurre en educación, salud, vivienda, alimentación, o con las políticas sociales que si son gastos y no inversión. Basta de populismo y clientelaje.
Ya es harto conocido que las ideologías políticas extremas del liberalismo y del socialismo son nefastas. Que en ambos extremos cunde o se acrecienta la tiranía y por ende la corrupción. Requerimos gente empoderada física, mental y espiritualmente, preparada, que se valore como persona, que analice críticamente su historia de continua desigualdad, discriminación y racismo; que valore y rescate lo bueno y grandioso de la cultura, ciencia y tecnología, de los saberes ancestrales, tanto nativas como occidentales; que comprenda que el centralismo limeño asfixiante no permite el desarrollo de ciudades intermedias como las capitales de los departamentos y cuantas ciudades de provincias y distritos que bien podrían mejorar los paisajes productivos y de bienestar.
Mientras no ocurra ese proceso, la migración desencadenante continuará. Gente que llegan a las ciudades con esperanzas, ilusiones y sueños y solo consiguen miserias, aún cuando migran a ciudades de países extranjeros.
Cuando logremos pueblos y ciudades intermedias y un país con un Estado y gobiernos fuertes dedicados al servicio de la gente, para hacer de éstos su principal riqueza, seguramente estaremos en condiciones de ser competitivos en las futuras Olimpiadas Deportivas y en cuantas otras actividades nacionales e internacionales participemos.
La pregunta final sería, cómo alcanzar éste anhelo. Creo que la respuesta ya está expresada implícitamente. Pero cómo será posible. La historia nos da la respuesta y alternativas: son las ideas consistentes y factibles como lo fueron los ideales de la Revolución Francesa y que fueron retomadas por las revoluciones americanas; y de otra parte, las movilizaciones masivas de la población motivadas por los estómagos vacíos, es decir, por el hambre y la extrema pobreza que en todo tiempo han sido un detonante potencial revolucionario. No esperemos que esto ocurra y desde la intelectualidad honesta hagamos algo para que desde los hogares germine la semilla de mejores ciudadanos. Ya el poeta universal C. Vallejo dijo: hermanos hay mucho que hacer (T. 10.8.2024)
