Crisis diplomática en tiempos de elecciones

Por: Israel Jurado Zapata

Dr. en Historia y Etnohistoria, investigador posdoctoral del PUEDJS-UNAM y director de la Revista Tlatelolco. Democracia democratizante y cambio social.

Cercanos a cumplir el primer cuarto del siglo XXI, América Latina se ha convertido nuevamente en un escenario de intensa disputa política por el modelo de Estado entre fuerzas progresistas y fuerzas conservadoras del statu quo (construido durante casi cuarenta años de políticas neoliberales), lo cual ha derivado en una serie de tensiones al interior de los países (polarización entre los simpatizantes de las derechas y los grupos de izquierda, posicionamiento de los intereses del gran capital nacional y extranjero contra los movimientos sociales, etc.). En medio de las crisis políticas, las estrategias de lawfare (para deponer por vías judiciales a gobiernos electos democráticamente), la infodemia desatada por los consorcios privados de comunicación masiva y las presiones externas de Estados Unidos y organismos multilaterales como la OEA; las élites oligárquicas y la clase política y empresarial de extrema derecha se vuelven a alinear a los intereses de la super potencia.

La intervención directa o indirecta en los procesos electorales de los países en la región, resulta clave para aquellos intereses. Así, en este ríspido escenario de confrontación política y discursiva en pos del voto popular, de los sentidos comunes, de los recursos naturales y del “futuro” ante la aparente continuidad de la llamada por intelectuales como Juan Carlos Monedero o Álvaro García Linera, “segunda ola de gobiernos progresistas”, las fuerzas reaccionarias, en su afán de continuar con la desestabilización, han sido capaces de atroces violaciones del derecho, a la paz, a la democracia en medios de comunicación, o al derecho internacional y la paz entre las naciones.

Desde la firma de la Carta de Madrid en 2021 por los legisladores del PAN en México, el diputado (también del PAN) Santiago Creel usurpando funciones al hablar a nombre de los mexicanos con el presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky en la reunión del grupo de amistad legislativo en 2023, hasta el presidente de Argentina llamando “ignorante” al presidente de México y amenazando con romper relaciones con Brasil y China (principales socios comerciales de su país); los desaguisados políticos parecen buscar el estallido de confrontaciones internacionales. Así, en Ecuador, donde las fuerzas de la reacción lograron revertir la recuperación de los derechos sociales y de la soberanía alcanzada durante la “primera ola progresista”, llevan persiguiendo política y judicialmente a los dirigentes y rostros más visibles de lo que había sido la gestión del correismo.

Ahora, a casi siete años de la traición de Lenin Moreno y del regreso del gobierno conservador de derecha, se han revertido los avances sociales y económicos y se ha desbordado la crisis sociopolítica y económica en el país andino; y la inseguridad y los índices de pobreza y violencia han crecido alarmantemente ante el establecimiento de cárteles de la droga y el desarrollo de grupos del crimen organizado, convirtiendo al país en uno de los más peligrosos e inestables del continente americano. En este escenario, a través de elecciones anticipadas, Daniel Noboa –hijo de Álvaro Noboa, considerado el empresario más rico del Ecuador– llegó a la presidencia por la agrupación de derecha Acción Democrática Nacional, en medio de la turbulencia política para terminar el periodo que correspondía a su antecesor, Guillermo Lasso, enjuiciado por corrupción.

Su confrontación con las fuerzas progresistas del correísmo aún presentes a través del partido Revolución Ciudadana y sus 51 curules en el congreso legislativo, y contra movimientos sociales como el movimiento indígena, que ha sido duramente reprimido, le llevó nuevamente contra el exvicepresidente Jorge Glas quien, quien como otros (el mismísimo expresidente Rafael Correa), han tenido que buscar refugio en países amigos y solidarios como México, pues son objeto de persecución política disfrazada de procesos judiciales por cualquier clase de cargos. Él mismo ya había sido acusado por hechos de corrupción y sentenciado a 8 años en prisión.

En medio de la crisis sociopolítica que viene arrastrando Ecuador desde el fin del correísmo y a unos días de que inicie el proceso electoral en México, Noboa, haciendo gala de su autoritarismo, decidió atacar la embajada mexicana para capturar a Glas. Esto nos lo cuenta Miguel Cantos Días, historiador ecuatoriano a través de su ensayo: “El asedio a la embajada mexicana en Quito ¿Preludio de un régimen neofascista? (https://puedjs.unam.mx/revista_tlatelolco/el-asedio-a-la-embajada-mexicana-en-quito-preludio-de-un-regimen-neofascista/), donde advierte que el ataque a la embajada perpetrado por las fuerzas de seguridad, es el preludio de un régimen más que autoritario, “neofascista”, pues, entre otros desaciertos en política internacional, las autoridades ecuatorianas han minimizado los hechos o tratado de culpar a la cancillería mexicana por haber tratado de proteger a un “delincuente”; como la ministra de Relaciones Exteriores y Movilidad, Gabriela Somerfer –salida de la iniciativa privada–  lo ha señalado.

Aunque algunos analistas señalan de “inexperto” al joven presidente ecuatoriano, lo cierto es que su actuar así –necesariamente secundado por el gobierno de los Estados Unidos– demuestra su hostilidad y falta de respeto por el Estado de derecho y la paz nacional e internacional. Por ejemplo, su gobierno ya había declarado “persona non grata” a la embajadora mexicana Raquel Cedur, lo que provocaría como respuesta el haber otorgado el acilo político a Glas –que pueden otorgar los países en su soberanía– para que fuese protegido por la Convención de Caracas, la Convención de la Habana y la Convención de Montevideo.

Pero la inviolabilidad de las sedes diplomáticas establecida en la Convención de Viena de 1961 –que codifica la costumbre internacional sobre la inviolabilidad de los recintos consulares y, además, exige su protección por parte de los Estados receptores, así como la protección de los representantes y funcionarios diplomáticos en lo personal y sus bienes– fue transgredida con lujo de violencia y en una inadmisible afrenta a la dignidad del país “amigo”. El jefe de cancillería: Roberto Canseco, quien no había dado su consentimiento para el ingreso de las fuerzas ecuatorianas, fue agredido en medio de una flagrante e irresponsable violación al derecho internacional pues, además Canseco, contaba con inmunidad personal.

Como se puede apreciar, y como se constató en el Perú, con el golpe de Estado a Pedro Castillo –quien desde entonces se encuentra preso–, o con el intento de golpe en Bolivia –que sí logró el derrocamiento de Evo Morales–, o los constantes intentos de aplicar la estrategia de lawfare en todos los países donde sigan los proyectos progresistas, las disputas entre derechas y progresismos aún están por darnos “sorpresas” como ésta, donde podemos considerar la presencia intervencionista del gobierno de Estados Unidos.

Para conocer más acerca de estos procesos político, en Revista Tlatelolco. Democracia democratizante y cambio social (https://puedjs.unam.mx/revista_tlatelolco/), hemos logrado un foro de múltiples voces (en diversos idiomas) para que la pluralidad de ideas y visiones sobre la historia, la política, la economía, la sociedad y la cultura de América Latina sean expresadas desde sus propios actores; se trata de un espacio democrático de análisis académico y de expresión de la diversidad ideológica.

Foto fuente: https://www.proceso.com.mx

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