El uso del término «serrano» como insulto, estigma y herramienta de exclusión en el Perú contemporáneo no es un fenómeno espontáneo. Aunque hoy se manifiesta en redes sociales y discursos políticos de las élites y sectores alienados, su raíz se encuentra en la profunda fractura social expuesta durante la Guerra del Pacífico y la posterior Guerra Civil de 1884-1885.
La Sierra como el Bastión de la Resistencia
Durante la ocupación chilena de Lima, la nación se dividió en dos posturas irreconciliables. Por un lado, la élite criolla limeña —terratenientes y grandes comerciantes— que, en su mayoría, optó por el colaboracionismo con el invasor o buscó una paz inmediata bajo el gobierno de Miguel Iglesias para salvaguardar sus intereses económicos. Por otro lado, los sectores populares andinos, las comunidades indígenas y los milicianos que, bajo el liderazgo de Andrés Avelino Cáceres, conformaron la «Campaña de la Breña».
Para la oligarquía costeña, la resistencia andina no era patriotismo, sino una amenaza al orden. La negativa de los campesinos a rendirse fue interpretada como «barbarie» e «incivilización». Fue en este contexto donde el término «serrano» dejó de ser una referencia geográfica para convertirse en un dardo político y moral.
La Construcción del Enemigo Interno
Historiadores como Margarita Guerra y cronistas de la época, como el Dr. Amstrong, documentaron que la palabra comenzó a usarse con odio para descalificar a las huestes de Cáceres y a los seguidores de caudillos como Tomás Laymes. El habitante de los Andes pasó a ser retratado como un ser desalmado y salvaje que, con su «fanatismo», arruinaba los campos y se oponía al «progreso» que representaba la paz (incluso si esta era impuesta por Chile).
Esta construcción del «serrano» como un sujeto inferior servía para justificar la marginación política de las mayorías. Mientras los colaboracionistas usaban el gentilicio como insulto, los resistentes respondían llamando a los limeños «chilenistas», «traidores» o «calacuchis», evidenciando que el conflicto era, ante todo, una lucha por la dignidad nacional frente a la entrega del territorio.
Un Legado de Polarización
El odio al «serrano» nació de un conflicto bélico donde la geografía se convirtió en ideología. Aquella élite que prefería la sombra de los chilenos antes que el protagonismo de los campesinos peruanos, sentó las bases del racismo estructural que aún vemos hoy en las urnas y en las calles. Como bien sentenció González de Prada, el verdadero enemigo no solo fue el invasor, sino nuestra propia fragmentación y espíritu de servidumbre.
“Estas hordas de indios serranos […] que, con fanatismo abyecto, son los más temibles… por su salvajismo y número dejan todos nuestros campos arruinados”. (Antonio de Aliaga, 1882)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- Cáceres, A. A. (1883). Memorias de la Guerra del 79.
- González de Prada, M. (1888). Discurso en el Politeama.
- Guerra, M. (1991). La ocupación de Lima: Aspectos económicos del gobierno de García Calderón. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
- Ráez, J. S. (1899). Monografías de Huancayo.
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