Llempén cree que sigue en campaña

Yuri Castro

Por: Yuri Castro
Periodista
La actitud del gobernador regional de La Libertad, Manuel Llempén, de ocultar la penosa realidad que se vive en los hospitales de Trujillo, no debería sorprender a nadie. Llempén es el escupitajo de una campaña de imagen mal elaborada, de esa donde el protocolo y las poses van de la mano de una bipolaridad política maniática, en la que se construye un realismo mágico, un Macondo, sólo para él y su entorno, tapándose los ojos ante los más necesitados y, peor aún, creyendo que el pueblo es tonto.
Es él y la misma gente que le dio la genial idea en campaña electoral de elaborar un spot para difundir en Facebook, con el objetivo de ganar votos (y vaya que lo logró), en el que un poco más y ofrecía camas de oro para los pacientes del Hospital Regional Docente, que hoy sucumbe ante la pandemia del coronavirus.
Ese, en el que, de su propia boca, decía, como introducción, apareciendo entre aparatos médicos, que La Libertad, bajo su mandato, “se convertiría en la más desarrollada en salud a nivel nacional”, para añadir, señalando con su dedo al electorado: “Tú mereces que te traten con respeto y te traten bien”, para, enseguida, prometer que iniciaría la construcción del nuevo Hospital Regional Docente y que éste “será uno de los mejores de Latinoamérica…con laboratorio clínicos modernos”. El muy entusiasta Llempén, esbozando una sonrisa, en ese spot, aseguraba, muy convencido, que La Libertad iba a estar en buenas manos. “Sé a dónde debemos ir, y sé cómo llegar”, para luego solicitar que aprueben su spot de marras. “Si te gustó, compártelo y regáleme un like”.
Vaya maravilla de estrategia que construyó y que sigue construyendo, en base a negar lo evidente, donde centenares de familias buscan oxígeno para sus seres queridos porque en los hospitales no lo hay. Si había una fosa para esta pandemia, esa se la construyó Llempén para él sólo. Políticamente está por los suelos y, sin duda, le falta respirar bien para aceptar que no todo es imagen y protocolo. Sus propias palabras, acciones y vaivenes, le están pasando la factura de largo.
Foto: Andina
 

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