Relaciones de Poder

Por: Katty Martinez Rodas

La mayoría hemos visto indignados el caso de Melisa Gonzáles Gagliuffi quien atropelló y causó la muerte de 2 jóvenes y las lesiones graves de otro. Nos dimos cuenta como un apellido rimbombante hace la diferencia a la hora de repartir justicia, incluso de cómo se justifica el asesinato en los medios (“Mujer perdió el control de su auto ocasionando triste desenlace”).

Sin embargo, este no es el primer ni será el último caso en donde el poder, la plata, un apellido, el color de tu piel, contactos e influencias  se mezclan para que agresores, asesinos, corruptos, y demás delincuentes sigan felices y campantes. Nuestro país aún mantiene la cultura hipócrita e ignorante de no saber vindicar nuestras raíces, nuestras etnias, nuestros colores y mucho menos nuestras formas de vida.

Apellidarte Huashuayo, como el caso de una de las víctimas, puede ser la diferencia entre si tu asesino sigue libre o no, mientras tu familia sufre, mientras les ofrecen dinero para comprar su dolor y pérdida. Felizmente la indignación ha sido tal que al menos se ha ordenado prisión preventiva.

En el día a día, siempre ejercemos relaciones de poder, siempre tendemos a jerarquizar a las personas, nos ponemos por encima o por debajo de alguien, nuestro trato, la manera en la que hablamos o miramos a las personas cambia drásticamente si interactuamos con un doctor, un policía, o la seño que limpia nuestras oficinas. He visto a “representantes” de la cultura o educación sacando a insultos y palabras peyorativas a niños en situación de calle porque se reservan el derecho de admisión, y se olvidan de los derechos de los niños; he visto muchos políticos sonreír en cámaras al pueblo que los eligió para luego limpiarse con asco el cachete donde las señoras de limpieza les saludaron con beso.

Hemos normalizado tanto la discriminación y racialización que ni nos cuestionamos por qué existen tantos productos para aclarar la piel o el cabello, por qué presuponemos la heterosexualidad de todos los que conocemos, y nos reímos con los chistes típicos de serranos, cholos o negros tontos.

Mientras que nuestro tono de piel o nuestro apellido sean la variante principal para acceder al derecho de justicia/ educación/ salud/ transporte, estos no se podrán llamar derechos, serán privilegios, y es casi un deber para los que sí los tenemos indignarnos y hacer lo que sea necesario para que esto sea reivindicado.

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