¿Por qué ser activista?

Por: Katty Martinez Rodas

Mañana tengo un encuentro con jóvenes en el que básicamente debo responder por qué es bueno el activismo, por qué soy activista y hacer una invitación a que ellos también lo sean. Si es que miro en retrospectiva soy activista porque he experimentado la violencia institucional. Quizás lo que nadie dice acerca de sobrevivir a un cuarto en donde te están pegando, te rompen la nariz y te dejan moretones por meses en todo el cuerpo, es que cuando sales de ahí, cuando logras salir ensangrentada, con miedo y dolor, tu calvario aún no termina, solo cambia de escenario, se alarga a los pasillos de la comisaría, a las manecillas del reloj en la fiscalía, a la impunidad con que cualquier agresor puede amenazar a tu familia y no tener ni antecedentes.

Nadie nos dice que luego de ser víctima, lo peor es ser sobreviviente y querer acceder al derecho de justicia. Yo, aún con mis privilegios, no pude obtenerla, no pude lograr que mi agresor tuviera siquiera un legajo policial o penal. El Estado, representando por el fiscal de mi caso, le dio principio de oportunidad y lo dejó ir como si nada hubiera pasado. ¿Qué hacer con mi rabia y mi cólera, y mis ganas de mandar a la porra todo y a todos? Según yo, tenía 2 opciones: o me consumía y deprimía pensando en por qué me pasó a mí todo lo que viví o trabajar, educarme y luchar para que a nadie más le pase.

En el camino del activismo aprendí más sobre mis derechos, caí en cuenta de las muchas violencias que el Estado o la ausencia del mismo nos hace vivir. Aprendí, en especial, que yo sola no puedo lograr mucho, pero felizmente hay muchas compañeras (os) en el camino. A todas nos duele algo en el alma, nos reconocemos en la otra, y nos unimos para hacer fuerza y ser resistencia.

Hay quienes dicen que nuestros plantones y marchas no han logrado nada, quizás les haga falta mirar un poco más las noticias, revisar las modificatorias de las leyes, o simplemente mirar más detenidamente/ críticamente a su alrededor. Por supuesto, aún hay muchísimo que hacer, hay errores que subsanar, debates necesarios y conversaciones impostergables.  La reivindicación de los derechos nunca se han dado en un salón de té, luego de una amigable conversación entre el pueblo y la lastimera clase política que ahora tenemos; ha sido siempre gracias a una lucha y victoria de la gente indignada saliendo a las calles a protestar, recordándoles a los decisores políticos que ellos trabajan para nosotros, no al revés.

Mi invitación a los jóvenes no será salir a marchar y plantarse en la plaza con carteles, mi invitación es a que se eduquen, lean, se informen y busquen varios puntos de vista, no sólo el mío, o el de un sector, para que así su primera revolución sea tener sus propias ideas, sus propias críticas y empiecen sus propias luchas.

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