“Personas con habilidades diferentes” o “personas con discapacidad”.

Por: Cecilia Montenegro Saldaña  *Antropóloga

  • La superficie de las cosas

“O el esfuerzo que deberíamos hacer en concentrarnos en lo importante y no en lo llamativo”

Un grupo de usuarios del Facebook reclama porque en un afiche virtual de cierta Municipalidad provincial se consigna un evento cultural dirigido a mostrar talentos artísticos de canto y baile en personas con discapacidad, pues, según ellos, no debería identificárseles como personas con discapacidad sino como personas con “habilidades diferentes”; lo que amerita nos detengamos un momento para ir más allá de la superficie de las palabras

Ahora que Uds. están leyendo esto, han pasado quince días desde que se iniciaron las actividades en el marco del “Día Nacional de la Persona con Discapacidad”. Sí, han leído bien, “de la Persona con discapacidad”. Es bueno tener en cuenta tal precisión, porque esa es la definición que mejor respeta el contenido de lo que se quiere expresar, cualquier otra es condescendiente, todos tenemos capacidades y habilidades de igual valor, merecemos el mismo trato. En primer lugar, porque nuestros hermanos que están en situación de discapacidad son PERSONAS, y lo que genera diferencia no es la discapacidad, sino las barreras del entorno… y cualquier otra denominación- a estas alturas-  por más que intente ser positiva, no hace sino perpetuar, encubrir la exclusión. En todo caso, además de todo lo anterior, esa es estrictamente la definición establecida por la Ley 29973, “Ley General de la persona con discapacidad”, que está vigente en el Perú desde el año 2012.

Es curioso cómo, muchas veces, nos importan más las palabras que los mismos hechos. El reclamo para que se use un lenguaje supuestamente positivo, le es más interesante a más de un lector, que la situación de las personas con discapacidad en nuestra región, en el Perú mismo.

Analicemos la actividad que se está promocionando a través del afiche virtual, en el que los artistas adolescentes de la foto, están mostrándole al público una coreografía; sin embargo, basta ver esa imagen para ir más allá en nuestra reflexión. En principio corroboramos que lo disfrutan, se esfuerzan, están apropiadamente vestidos para la ocasión, están en grupo… además, nos hace pensar que aprendieron ese arte, porque tuvieron apoyo en su familia, porque hubo una institución educativa que los acogió (lo destacamos en un país como el nuestro, donde es más que evidente, persiste la exclusión de alumnos con discapacidad de la educación básica regular- y con mayor razón de la educación superior).

¿Seguimos reflexionando? ¿Cuántos de nosotros, de nuestros hijos, de nuestra familia, estudió, estudia o trabaja con una persona con discapacidad?… Si la estadística del 2012 nos indica un 5% de personas con discapacidad (se considera que en la práctica el porcentaje real es más del doble), ¿dónde están aquellos que deberían estudiar, ¿dónde están empleados, ¿dónde están…? ¿En un Centro de Educación Básica Especial?, ¿en su hogar, sin opciones de capacitarse?, ¿en la calle, solicitando apoyo, a un- muchas veces- indolente transeúnte, con la mano extendida, sin posibilidades de aportar a su manutención y la de su familia?

En el arte, en el turismo, en la recreación, en el deporte, desde el ámbito de la salud, de la participación social;  las barreras para las personas con discapacidad  son similares: no hay accesibilidad, no se implementan los ajustes razonables.

La ciudad, con sus veredas altas,  sin rampas de medidas y diseños apropiados, las pistas invadidas de ambulantes, carros mal estacionados o árboles que obstruyen el paso; los locales de las instituciones sin señalización Braille, el personal de atención sin conocimiento básico de lenguaje de señas; el transporte público que necesita ser supervisado permanentemente- e incluso amenazar multas-  para no dejar abandonada a su suerte a una persona en silla de ruedas o con muletas;   los maestros sin metodologías de educación inclusiva; el sistema de salud público que enfatiza la atención (¿deficiente?) de una manifestación crónica de la enfermedad de la persona con discapacidad, por sobre  la recuperación, rehabilitación e inserción laboral.

Apenas un 19% de la población con discapacidad mayor de 14 años, se encuentra ocupada a nivel nacional (ENEDIS; 2012); los mayores porcentajes (20% a más) en actividades no calificadas de servicios, en agricultura, silvicultura y en pesca; pese a que la ley dice que el 5% del personal de una institución pública debería ser persona con discapacidad. Menor, aunque igual de significativo porcentaje (3%) si se trata de una institución privada… Letra muerta nuevamente de una ley peruana que, en el papel, podría considerarse una de las mejores de América Latina, para favorecer el desarrollo de las personas con discapacidad… en el papel.

Todo lo que nos puede llevar a pensar un afiche virtual… una fecha al año que más que “celebrar” motive a la reflexión para una acción real, con actividades que visibilicen los retos que la autoridad regional y los municipios aún no han abordado…

Dejemos las acciones artísticas, celebratorias (tan importantes obviamente)  a los organismos correspondientes… centremos la atención de la autoridad en  implementar políticas locales que respondan  a la aplicación de la Ley 29973… Empecemos por casa: Hagamos cumplir las cuotas de empleo para las PCD en el Gobierno Regional y sus diferentes sedes, en cada municipalidad provincial y distrital y unamos fuerzas con SUNAFIL en la supervisión de las empresas privadas…, que se incida en la adaptación  curricular, que se presupueste y cumpla con los ajustes en términos de infraestructura, mejora de capacidades en el  recurso humano e implementaciones en cada sector, desarrollemos propuestas que promuevan capacitación, emprendimiento económico  en personas con discapacidad, aseguremos que las áreas  que diseñan y/o autorizan obras públicas (calles, plazas, jardines, parques, juegos recreativos, escuelas) o  locales que atenderán al público, garanticen su diseño inclusivo – de acuerdo a las normas.

Enfoquemos nuestros planes de trabajo y sus presupuestos, en hacer realidad los derechos de las personas con discapacidad, satisfacer sus necesidades estratégicas, tantas veces por ellos expresadas, prioricemos sus demandas por sobre actividades que se “celebran” una vez al año. Mostremos respeto a las personas con discapacidad… Eso, respeto.

30/10/2019

Foto:  Sistema Constanz

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