Parece que queremos cultura

Por: Katty Martinez Rodas

El fomento de la cultura, la vindicación de nuestros derechos y la puesta en valor de nuestra memoria, parece ser el pedido de muchos quienes critican la falta de espacios donde poder consumir este tipo de contenidos. Parece no más.

El arte desde siempre ha sido una herramienta fundamental para visibilizar situaciones ajenas o propias, lo lejano se acerca en sus muchas expresiones, nos enerva, nos sensibiliza, y por supuesto también nos divierte. Pero ¿qué pasa cuando sólo consumimos contenidos entretenidos?, pagamos lo que sea por el famoso extranjero o el rostro conocido de la capital, pero nos quejamos de los mismos precios cuando de identidad se trata, cuando tocan temas incómodos, cuando nos recuerdan etapas de nuestra historia que preferimos olvidar sin aprender ni criticar.

Sin ir muy lejos el Teatro Raúl Lozano Ibañez (Teatro de la UPAO) tiene una amplia programación comercial y cultural. Separado, porque no siempre la cultura es rentable, lastimosamente. A pesar de que se usan las mismas vallas publicitarias, se invierte lo mismo en publicidad en redes sociales, se dan los mismos horarios, siempre se acabarán primero las entradas de Fito Paez o Juanes y no las de una puesta en escena que habla de las consecuencias dolorosas o los testimonios que nos dejó Sendero Luminoso.

Este sábado y domingo se presentará La Cautiva, una puesta en escena necesaria para nuestra memoria como país, aunque suscitó debates respecto a si hacia apología a la época del terrorismo, estos comentarios fueron socavados tras investigaciones, y la indignación entre artistas y el mismo Ministerio de Cultura. La Cautiva nos ha representado en numerosos festivales internacionales, ahora tenemos la oportunidad de tenerla en nuestra ciudad, y espero equivocarme, pero creo que habrá muchos espacios vacíos en la sala.

¿Han visto un perro buscándose la cola? Como da vueltas y vueltas buscando algo que tiene en su propio cuerpo, esos somos los trujillanos que nos quejamos de la falta de espacios de cultura, historia y memoria, pero cuando la tenemos en nuestras narices nos parece cara, lejana, “mejor otro día”. Quizás vernos la herida nos duela, pero no habrá otra manera de curarla.

Deja un comentario