NIÑAS SÍ, MADRES NO

Por: Katty Martinez Rodas
En casi  toda Latinoamerica es una pena y casi una condena nacer mujer, a muchas se les cuida como princesas indefensas, tímidas y se nos regala muñecas, cocinitas y demás cachivaches que orientan intencionalmente a una niña a saber cuál es su sitio en el mundo: la casa, ser madre, cuidar y limpiar.  Lastimosamente, muchas veces no se espera que la niña ni siquiera crezca para que ello pase. En Perú, 4 niñas al día se convierten en madres y lo peor es que la mayor parte de estos embarazos son producidos por familiares.

El año pasado, 2339 niñas y adolescentes entre 11 y 14 años fueron forzadas a ejercer una maternidad no deseada, y se registró a 5 niñas entre 7 y 10 años como madres en RENIEC, aparte sabemos que 1856 de los padres eran mayores de edad, por ende todos los casos fueron resultado de una violación. Y estos son los datos que se registran, aún no hay una data exacta de los casos reales que por vergüenza, miedo o desconocimiento de sus derechos no han sido denunciados o han tenido la asistencia básica de salud necesaria.

Según la Reniec, Lima es la ciudad con más casos de tortura registrados con 381 niñas obligadas a ser madres, le sigue Loreto con 255; San Martin, 176; Ucayali, 175; y nuestra región también aparece en el ránking de los 5 peores lugares para ser niña, reportando 161 casos.

Ser madre siendo niña es tortura pues no solo pone en riesgo la salud mental y física de la gestante, la lleva directo a un círculo de pobreza del que difícilmente podrá salir, se expone la integridad y futuras posibilidades de la víctima.

Aunque hay un protocolo de atención conjunta entre los Centros de Emergencia Mujer y Establecimientos de Salud (DS N° 008-2019-SA) que especifica la atención diferenciada a niñas y adolescentes víctimas de violencia, en donde de acuerdo al caso deben ofrecer el  anticonceptivo oral de emergencia, descarte de ETS o iniciar el protocolo de aborto terapéutico, los operadores de dichas instituciones se niegan por sus propias ideas religionas y/o políticas, vulnerando una vez más los derechos de estas niñas.

Los embarazos forzados son producto de violaciones, falta de educación sexual y/o falta de acceso a métodos anticonceptivos, y aunque muchas personas hipócritas abogan por el ser no nato, una vez nacido se olvidan del bebé y por supuesto castigan a la madre.

Lo mínimo que podemos pedir mañana por nuestras niñas es que sigan siéndolo, que no trunquen su vida y sus posibilidades con teorías religiosas (menos en un Estado laico), que se les enseñe educación sexual integral, que sus derechos no sean vulnerados y que nunca se les niegue el derecho a vivir libres y sin violencia.

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