Historia

El abogado que llevó a Pablo Escobar al Congreso

By cmontalvan

September 07, 2026

Jairo Ortega Ramírez nació en Medellín en 1942. Durante años fue apenas un nombre más entre los abogados y políticos regionales de Antioquia: decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín, tesorero municipal, congresista de bajo perfil. Nada de eso lo habría hecho recordar hoy si no fuera por una decisión que tomó en 1982: incluir a Pablo Escobar como su suplente en la lista a la Cámara de Representantes.

La jugada le funcionó a los dos. Ortega, representante por Antioquia desde 1978, encabezó la lista del Movimiento Renovación Liberal. Escobar iba de segundo. En febrero de ese año, el movimiento publicó un comunicado en varios periódicos regionales presentando al futuro capo como un hombre joven, inteligente y cercano a los sectores populares del Magdalena Medio. El texto llegó a llamarlo, sin ironía, el mesías de la región. Ortega y Santofimio necesitaban recomponer su imagen después de que Luis Carlos Galán los expulsara del Nuevo Liberalismo, y Escobar, con dinero y con una reputación de benefactor que todavía no se había roto del todo, era un aliado conveniente.

Ganaron. Escobar entró al Congreso como suplente, con curul, escoltas y fuero, justo cuando su fortuna crecía al mismo ritmo que su exposición pública empezaba a resultarle incómoda a algunos. Ortega quedó como su padrino político, el hombre que le abrió la puerta.

Esa cercanía tuvo un episodio que Colombia no olvidó: el intento de vincular al entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, con el narcotráfico mediante un cheque atribuido al traficante Evaristo Porras. Escobar y Ortega lo usaron para atacar a Lara, que había empezado a perseguir al capo desde el ministerio. La maniobra no prosperó: Lara desmintió el vínculo y salió fortalecido, mientras Escobar quedaba más expuesto. Dos años después, en 1984, Lara fue asesinado por sicarios del Cartel de Medellín.

Ortega siguió en la Cámara hasta 1990, pero su nombre quedó marcado. Cuando terminó su carrera parlamentaria, no buscó otro cargo público. Se instaló en Medellín y volvió a las aulas, esta vez como profesor en la Universidad de Medellín y en la Universidad Cooperativa de Colombia. Ejerció el derecho de forma discreta, casi anónima, según relatos periodísticos de la época.

El pasado volvió a buscarlo en 2005. Fue citado a indagatoria por el crimen de Galán, el político que en los años setenta lo había expulsado del Nuevo Liberalismo y que en 1989 fue asesinado por orden de Escobar. Alberto Santofimio, condenado años después por su participación en ese magnicidio, señaló a Ortega como el puente que lo había conectado con el capo. Ortega, ya con más de setenta años, tuvo que responder por una alianza que había tratado de dejar atrás.

Hoy no hay registros de que Jairo Ortega Ramírez haya vuelto a ocupar un cargo de elección popular ni una posición pública relevante. Su historia se cuenta casi siempre como una nota al pie de la biografía de Escobar, la del abogado que decidió, en un cálculo político de 1982, poner al futuro narcotraficante más buscado del mundo en la boleta. Fue una apuesta que le dio una curul a Escobar y a Ortega un lugar fijo en los libros sobre el Cartel de Medellín, aunque no el que él mismo hubiera elegido.