El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; y en Calipuy, la fiesta de Santa Catalina,  Virgen y mártir.

Este lunes 25 de noviembre se celebra el Día Internacional por la eliminación de la Violencia contra la Mujer. Un día que sirve para denunciar la violencia que se ejerce sobre las personas, al ser discriminadas por su género en todo el mundo y para reclamar políticas en todos los países para su erradicación.

Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 en manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana.

En esta misma fecha, y por coincidencia de la historia, en Calipuy se celebra la fiesta de Santa Catalina de Alejandría,  Virgen y mártir cuya festividad se glorifica en la Iglesia Latina y en varias Iglesias Orientales el 25 de noviembre y que durante casi seis siglos fue objeto de una devoción muy popular.

En el pueblo de Calipuy, la imagen de la Santa Catalina, antes que salga en procesión y al finalizar la misma,  es disparada por una legión de mujeres provistas de rifles que realizan disparos desde sus escopetas que son abastecidas con flores y pólvora en conmemoración del martirio que sufrió Catalina.

Cuenta la historia que Catalina cuando tenía sólo 18 años, se presentó ante el emperador Maximino, que perseguía violentamente a los cristianos, y le recriminó su crueldad intentando demostrar cuán maligna era la adoración de los dioses falsos.

Asombrado por la audacia de la joven, pero incapaz de competir con ella en sabiduría, el tirano la detuvo en su mismo palacio y llamó a numerosos sabios a los que ordenó que usaran toda su capacidad y razonamientos de manera que Catalina apostatara; pero ella quedó victoriosa en el debate.

Algunos de sus adversarios, conquistados por su elocuencia, se declararon cristianos y fueron ejecutados. Furioso por no haber conseguido su propósito, Maximino la mandó azotar y después la encarceló. Mientras tanto, la emperatriz deseosa de ver a una mujer tan extraordinaria se acercó a visitarla a las mazmorras, acompañada de Porfirio, jefe de las tropas, y ambos cedieron a las exhortaciones de Catalina, creyeron, se bautizaron y ganaron inmediatamente la corona de los mártires.

Poco después la santa, que lejos de flaquear en su fe, conseguía muchas conversiones, fue condenada a morir en la rueda, pero al tocarla, el instrumento de tortura se destruyó milagrosamente. Enfadado y fuera de control, el emperador la mandó a decapitar.

Fuente: Escritos sobre Catalina en https://www.aciprensa.com/

 

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