Casos de éxito

Por: Katty Martinez Rodas

Desde pequeña me han enseñado que debo estudiar para ser “alguien en la vida”, para no fracasar, para tener éxito. Cuando terminé la secundaria, trabajé un año para poder costear el primer ciclo en una universidad privada, una vez dentro, me esforcé para lograr ser becada o al menos tener un descuento especial.  Estudié mucho y fui muy constante, al empezar a trabajar, nadie vio mis notas o si estaba preparada o no, era una empleada que en cualquier momento se podía descartar, nadie, en ningún puesto, es imprescindible.

Hace unos años trabajo de manera independiente, no tengo la soñada estabilidad económica, no me alegro en julio o diciembre por los aguinaldos y no tengo seguro de salud,  sé que muchos podrían ver eso como indeseable, pero en contra peso, puedo manejar yo misma mis horarios, conozco y colaboro con empresas locales que cuidan con amor y esfuerzo sus emprendimientos, colaboro en actividades sociales, puedo cuidar de mi familia, puedo parar un momento y jugar con mis perros, los clientes satisfechos me recomiendan y, aunque eso no está dentro del modelo que nos enseñaron a seguir, creo que es una forma muy valiosa de vivir.

Nos han enseñado que si no tenemos montones de dinero en nuestra cuenta, entonces somos vulnerables.  El sistema nos enseña a consumir incluso cosas que no son necesarias. Hace poco unas actrices en un spot hacían hincapié en ese punto “comprar aún si no lo necesito, solo para no desperdiciar la oferta”.

Dudo mucho que mi alma mater me llame como caso de éxito en las semanas de comunicaciones o en los seminarios, pero sé que tampoco lo necesito. Al menos mi felicidad no depende de si un día mi jefe decide botarme a pesar de todo el esfuerzo realizado, porque trabajo por y para mí, aunque hay tratos o convenios que no salen, potenciales clientes que solo cotizan, al final del día no le rindo cuentas más que a mí misma.

A veces extraño tener un horario fijo y compañeros con los cuales repartirme las tareas, pero eso es cada vez menos. No desdeño a los profesionales que tienen un puesto de trabajo seguro, los admiro mucho por su dedicación, pero sé que no todo es para todos.  Prefiero invertir tiempo en mis sueños, en vez de trabajar para cumplir los sueños de otros. Si son adultos los que me están leyendo, por favor, dejen de decirles a los niños que solo se puede ser feliz y exitoso de una sola manera, porque hay muchas más si somos valientes en descubrirlas.

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