Por: Pedro Borjas Paredes
Colaborador.
Terminó octubre, mes que hace 100 años vio nacer Trilce, el libro más discutido y a la vez más celebrado del vate santiaguino y universal César Abraham Vallejo Mendoza. Los liberteños nos enorgullecemos de su producción y lo seguimos aclamando y recordando como nuestra mayor gloria de las letras e inmortal poeta de los andes para el mundo.
El Gobierno Regional de La Libertad, a través de la Casa de la Identidad Regional, lideró un sentido homenaje para seguir desagraviando a quien en vida y aún después de su muerte cargó con una condena: purgar 112 días en una cárcel, sin ser culpable; lo que, como muchos estudiosos de su vida y producción sostienen, ayudó a crear Trilce.
Lo que pasó en vida Vallejo y su forma de ver el mundo fueron el crisol para forjarlo y dejarnos la herencia de su genio reflejada en la audacia para crear términos lexicográficos y sintácticos en la obra capital de la poesía universal moderna.
En Trilce, inventa palabras y signos gráficos como herramienta de comunicación para transmitir lo que nace en su naturaleza creativa; y para describir un mundo cuestionado. Esos neologismos, criticados en algún momento, son su mayor legado a las letras.
Se sigue discutiendo qué quiso transmitir Vallejo al denominar Trilce a su producción. Es un enigma que se seguirá abordando en el tiempo. Se sabe que iba a ser titulado como Cráneos de Bronce y que pensaba firmar con el seudónimo de César Perú.
Para André Coyné, estudioso de Vallejo, Trilce deriva del número tres. Es “tres” dulcificado. “Así como de duple se pasa a triple, de dúo a trío, de duplicidad a triplicidad, Vallejo sintió oportuno pasar verbalmente de dulce a Trilce“, señala.
Vallejo, en una entrevista al periodista español César González Ruano, publicada en el diario El Heraldo de Madrid, el 27 de enero de 1937, contesta a la pregunta ¿qué quiere decir Trilce? “Ah, pues Trilce no quiere decir nada. No encontraba, en mi afán, ninguna palabra con dignidad de título y entonces la inventé”, respondió.
En su edición príncipe, Trilce solo tuvo un tiraje de 200 ejemplares y 121 páginas de texto, aparte del prólogo que escribió Antenor Orrego. La carátula tenía un retrato a lápiz del loretano Víctor Morey Peña.
Trilce empezó a alcanzar fama con su edición española, en 1930; y a una centuria de su lanzamiento está más vigente que nunca, sigue siendo fuente inagotable de estudios y texto indispensable para quienes gustan de la poesía.
¡César Vallejo no ha muerto! ¡Mientras lo sigamos leyendo su obra, seguirá vivo!