Antropología

94va FIESTA PATRONAL EN HONOR AL “SEÑOR DE LA CAÑA DE CHICLIN” CAMINO A SU CENTENARIO – UNA MIRADA DESDE LA MEMORIA AUTOETNOGRAFÍA

By cmontalvan

June 17, 2026

Por: Percy J. Paredes Villarreal

En julio del 2024, la antropóloga Amparo Baca Polanco, especialista en temas Amazónico, publica su libro, titulado “Memorias de una antropóloga: en tiempos, espacios y encuentros amazónicos”; para lo cual utiliza lo que ella denomina “Memoria Autoetnográfico”, para describir su experiencia profesional realizado mayormente en la zona selvática, y donde pudo conocer, hacer etnografía, implementar modelos de desarrollo, cuestionar y defender las comunidades étnicas, ante los abusos y la intromisión de empresas privadas extractivistas y colonos que buscaban en todo momento depredar la naturaleza humana, que las diversas etnias protegen en todo momento; asimismo, en su libro cuestiona la modernización neoliberal y occidental, que se viene imponiendo en estos lugares, y que está generando desnutrición, cambios de hábitos alimentarios; además critica el pragmatismo del turismo, con fines consumistas.

Amparo Baca, define a la Autoetnografía, como: “… una metodología en la que converge la etnografía, la autobiografía y el ensayo, tratando que la subjetividad no socave la objetividad y la credibilidad del conocimiento adquirido” (p.13, 2024). Tomando en cuenta este antecedente antropológico, me permito compartir con ustedes esta experiencia, producto de mi experiencia profesional, haciendo uso de la observación participante realizado desde hace 29 años, con respecto al objeto de estudio que es la Fiesta Patronal en Honor al “Señor de la Caña de Chiclín”, para lo cual, voy hacer una pequeña descripción etnográfica de todo el proceso en el cual fui observador y luego participe en la organización de esta festividad religiosa a lo largo de los últimos 29 años.

I

En el año de 1995, estando a poco tiempo de culminar mis estudios de antropología en la Universidad Nacional de Trujillo; decidí estudiar la “cultura chiclinense”, particularmente su historia con sus respectivas etapas por la que había pasado a lo largo del siglo XIX y XX; posteriormente comencé a investigar la identidad, sus patrones culturales, sus costumbres y tradiciones, la reciprocidad, la simbología, la cosmovisión, la religiosidad; es decir darle un enfoque culturalista e indigenista a mi investigación. Luego me interese en estudiar el enfoque social, como: el proceso migratorio (emigración e inmigración) del ande liberteño a estas tierras y luego al exterior, el sistema de parentesco, la reciprocidad, el intercambio, las relaciones de poder, el status, las familias (nucleares y extensas), los árboles genealógicos de las familias, el sistema patriarcal y matriarcal, la diversidad cultural que trajo como consecuencia la interculturalidad, la endoculturación, el proceso de etnicidad, el uso del lenguaje, la jerga, la replana, los tics lingüísticos, o como se dice el dejo “Si”, “Di”, “Pe”, los apodos, la comida, la gastronomía, la relación de las plantas medicinales utilizado por la familia, etc.

Para realizar estos estudios me base en metodologías y usos de instrumentos para la recolección de información como fue: la entrevista, la observación (directa y/o participante), la revisión de la poca publicación o estudios que se habían realizado a lo largo de los dos últimos siglos, en esta comunidad. Luego comencé a sistematizar toda esa rica información, contrastándolo con las conversaciones y entrevistas con muchos adultos que comenzaron a conversarme de su historia de vida, de su procedencia, de lo que vivieron durante la etapa de Hacienda, Cooperativa, Sociedad Anónima, Centro Poblado; además de su relación con el folklore, la religiosidad, y el deporte.

A pesar de las diversas transformaciones estructurales que ha tenido esta localidad; actualmente considero que “Chiclín” es una comunidad “Hibrida”, donde se conjuga lo moderno con lo tradicional. Estos cambios exógenos, es decir que provinieron de fuera, no impidieron la renuncia a su identidad, ni tampoco la extinción de sus patrones culturales ni sus tradiciones; por el contrario lo han fortalecido.

Producto de este proceso de investigación que realizo, desde aquellos años hasta la actualidad, comencé a escribir artículos, ensayos, presentar ponencias en eventos académicos nacionales e internacionales, publicar libros sobre esta cultura ancestral; pero a la vez, comencé a explicarme y entender la identidad y los patrones culturales, que la población chiclinense, habían construido y lo seguían sosteniendo a pesar de los diversos cambios de modelos empresariales, de sistemas laborales, de crisis económica que había vivido esta localidad. Obviamente que algunas costumbres y tradiciones, expresiones artísticas y folkloricas, se han extinguido, como otros que se han ido adecuando a las transformaciones que hubo en esta localidad; muchas de estas han desaparecido, producto de la modernización y el aculturamiento.

II

En aquellos tiempos, pensaba que en algún momento los chiclinense iban a renunciar a su identidad, a sus patrones culturales que por mucho tiempo la población había creado y sostenido, en el deporte, en la religiosidad y en el folklore; y que debido a la crisis que vivió en los 90 del siglo pasado, producto de la implementación del neoliberalismo, comenzaba a desaparecer. Tal como había sucedido con otras comunidades, dentro y fuera del valle Chicama; donde la modernización neoliberal arrasó con muchas identidades, quitándoles su esencia cultural y tradicional; ya que algunos actores y lideres apostaron por los cambios y adecuaciones al mundo moderno y a la globalización occidental; para lo cual, tuvieron que renunciar a su pasado histórico. Ahora vemos a estas localidades lleno de conflictos de intereses particulares, de inseguridad, inestabilidad económica, sin identidad.

En aquellos tiempos la situación crítica en que se encontraba la comunidad, como: a) pobreza económica y cultural, b) divisionismo y conformación de grupos de poder local; c) ausencia de un proyecto de desarrollo local; d) extinción del tejido social; ya que la comunidad había comenzado a perder todos sus bienes materiales con el que se sostenía y vivían; para posteriormente no tener nada.  Esta situación crítica, me llevó a escribir mi primer libro titulado “Cultura y tradición Chiclinense: un pueblo que no debe renunciar a su identidad”, como una llamada de atención y a la reflexión para que la comunidad despertara, valorara y defendiera su pertenencia.

Esa pertenencia es su identidad, sus patrones culturales, que en aquel periodo se encontraban en crisis, logrando soportar los embates de esta y también la ofensiva cultural occidental; siendo sostenido gracias a las generaciones que fueron transmitiéndolo a las nuevas que aparecían, como una herencia que debían seguir cultivando, valorando, y defendiéndolo. Cada generación comenzó a asumir estos roles, compromisos y lo más resaltante, esta identidad se ha ido transmitiendo mediante un proceso endocultural, manteniéndolo vivo hasta la actualidad: llegando inclusive a un fuerte etnocentrismo que se encuentra arraigado en los nuevos chiclinense.

La sostenibilidad de los pocos patrones culturales existentes se debe gracias a la combinación entre los chiclinense que residen en la localidad con los que se encuentran fuera de ella, como: en la región, en el país, y en el extranjero. Ya que, ante cualquier evento o necesidad, se articula una relación de reciprocidad, de intercambio, y de apoyo para que estas tradiciones ancestrales se sigan cultivando, difundiendo y lo más importante, decir al mundo que este pueblo existe.

III

Considero que la década de los 90 del siglo pasado, fue una de las peores crisis estructurales de carácter económicas, social y cultural que vivió la población chiclinense  conviviendo por años con la pobreza; ya que la separación de la Cooperativa Cartavio, y el cambio de modelo empresarial neoliberal que decidieron la mayoría de trabajadores, creyeron que les habría muchas esperanzas, oportunidades de autosostenimiento,  y mejoras en su calidad de vida; pero los conflictos internos entre los trabajadores antiguos que no querían retornar a la época de Hacienda, contra los trabajadores nuevos que buscaban una estabilidad económica y bienestar para las familias y la comunidad, dentro de un nuevo modelo de desarrollo neoliberal, al cual no conocían las consecuencias; impidió la unidad y una visión de futuro. Por lo que, nunca llegaron a ponerse de acuerdo, apareciendo los empresarios “carnívoros”, que se aprovecharon de esos conflictos para apoderarse de la empresa y destruirla.

También en este periodo, particularmente en 1998, se sufrió las consecuencias del fenómeno de “El Niño” que estuvo a punto de desaparecer a Chiclín; pero la población resistía los embates de las aguas, de la crisis económica y laboral. A pesar de ello, el chiclinense pudo subsistir y superar las consecuencias del desastre natural y la implementación del neoliberalismo.

La crisis estructural que vivió esta comunidad, implico la extinción de algunas expresiones sociales, artísticas, folkloricas y culturales que existían en la localidad; manteniéndose otras que se encontraban en una situación de inestabilidad.

Muchas familias, veían con tristeza que sus patrones culturales tradicionales, se iban extinguiendo; una de estas fueron las actividades deportivas, salvándose al emblemático equipo de futbol que ha traído mucho orgullo y dignidad, me refiero a los “Diablos Rojos”.

La otra crisis que se vivió fue el folklore, donde las diversas danzas existentes en la comunidad comenzaron a desaparecer debido a las crisis económicas y a los cambios socioculturales que había quitado el entusiasmo, y la voluntad de bailar y danzar en las fiestas patronales. Solamente se pudieron mantener tres danzas que, hasta la actualidad perduran, gracias a las familias que lo han sostenido, como son: a) La familia Saavedra con los Diablos, b) la familia Otiniano con el Folklore Andino y Diabladas; y c) la familia Solorzano con los “Huanquillas”; el resto desaparecieron.

Debemos mencionar que, en estos últimos años, están comenzando aparecer talleres de danzas en la localidad, convocando a muchos jóvenes para que se integren, de esa manera reflotar lo que en un determinado tiempo se le denomino a Chiclín, como: “La cuna del folklore”, como lo describió José María Arguedas, en sus dos artículos que publico en los años 1942 y 1948.

De igual manera comenzó a suceder con la Fiesta Patronal en honor al “Señor de la Caña de Chiclín”, que ya no tenía ese arraigo como lo tuvo anteriormente; la crisis que se vivió comenzó a afectar en las actividades, recortándose una serie de eventos que se realizaban permanentemente. Pero los integrantes que conformaban la “Hermandad” y  “Mayordomía”, a pesar de la diferencia, hacían los esfuerzos para que la festividad continuara, nunca desmayaron, ni tampoco impidieron su desaparición total; por el contrario, trabajaron incasablemente para que la celebración siga realizándose anualmente; sosteniéndose como una expresión de identidad local, y de religiosidad popular.

Esta festividad ha pasado por momentos de crisis y de bonanzas, pero lo que se mantiene es su devoción, su fe, su amor al Santo Patrón, sus milagros, y su reencuentro con su identidad. Los aspectos social, cívico, folclórico, artístico y cultural; que también se desarrollan, son el complemento.

Además, la Fiesta Patronal es motivo de reencuentro entre los moradores que salieron de la tierra por múltiples razones, con los que se quedaron, y que después de mucho tiempo se vuelven a encontrar; perdurando la amistad, el compañerismo, la reciprocidad, la historia de vida. Además, es difundir no tan solo a la región, sino al país y al mundo entero, que la Fiesta del “Señor de la Caña de Chiclín”, existe y se encuentra al norte del Perú.

Asimismo, la presencia de cientos de personas, que llegan a la comunidad para agradecer al “Santo Patrón” por el milagro recibido, otros por fe y devoción, por el ofrecimiento realizado, o también para divertirse socialmente. Como también a presenciar las diversas actividades religiosas, culturales, folklóricas, artísticas, etc.; se refleja en los cientos de personas que llegan cada mes de junio de cada año.

IV

Para realizar esta festividad, que es muy grande y no se compara con ninguna otra festividad, en el valle Chicama; existe el sistema de organización, que está a cargo de instituciones religiosas como: “Hermandad”, “Mayordomía” y en el presente siglo se ha conformado los “Cargadores”. Cada uno de ellos, cumplen funciones y roles; asumiendo tareas según la programación que elabora cada uno. Pero la gran responsabilidad organizacional, recae siempre en la Hermandad del “Señor de la Caña de Chiclín”.

Formar parte de una de estas instituciones implica compromiso, disciplina, responsabilidad y dedicación; ya que, uno se priva de muchas cosas que podría realizar durante la festividad, como es diversión, compartir con las amistades y familiares. Pero lo más importante es el amor, la devoción y la defensa de una tradición y una identidad que debe perennizarse a lo largo del tiempo.

Se me viene a la memoria, aquel año 1996, en que la fiesta patronal no tuvo el éxito esperado, debido a múltiples factores; la crisis económica había afectado enormemente a la comunidad y la festividad había pasado desapercibido. La Junta Directiva había culminado su periodo con pérdidas y deudas; por lo tanto, ameritaba una renovación. Lastimosamente había hermanos devotos que no querían asumir la responsabilidad, por lo que la situación era preocupante; ya que se culminaba el año y no encontraban reemplazantes.

La Institucionalidad tanto de la Hermandad como de la Mayordomía, se había debilitado tanto, por la crisis económica, imposibilitando su fortalecimiento organizacional; que permitiera darle sostenibilidad a las diversas actividades que se realizaban.

El Consejo Parroquial estaba constituido por personas adultas, y mostraban su preocupación por la falta de personas que asumieran el reto de conducir la fiesta patronal para el siguiente año. Por lo que, en una reunión del consejo parroquial, se pusieron a elaborar una propuesta de integrantes de la Junta Directiva cuya composición deberían ser jóvenes, y que nunca habían sido participes de una organización religiosa de esa magnitud; dentro de esa relación estaba mi nombre. Comenzaron a conversar con cada uno, por separado; algunos preguntaban quienes lo integraban, hasta que nos convencieron.

En aquel año, había iniciado una investigación sobre las “Fiestas Patronales en el Valle Chicama”, mediante el uso de la metodología basado en la observación y entrevistas; por lo que, al incorporarme a la Junta Directiva de la Hermandad tuve que cambiar mi tema de investigación; utilizando otro elemento de recolección de información, como fue la Observación Participante.

En aquel año, mi tema de investigación fue “organización y Financiamiento de la Fiesta Patronal del Señor de la Caña de Chiclín”. En ese momento, me interese mucho en explicarme y describir el sistema de organización de las actividades, sus resultados, y los recursos que se tienen para cubrir los gastos que demandaba la realización de la festividad; del mismo modo, mediante la observación comenzaba a ver la relación de reciprocidad, el intercambio y también las redes sociales de apoyo y colaboración en temas específicos. Por ejemplo: Como se brindaba la alimentación, particularmente, a las danzas folkloricas provenientes de diversos lugares, que eran aproximadamente 400 personas.

Aun recuerdo los integrantes de la Junta Directiva que estuvo presidido por Kilder García, Humberto Díaz, Elmer Namay, Celso Estrada, Cesar Ulloa, Marco Barrantes, Vicky Lozada, Teo Ortiz, Julio Larrea, Hermelinda Hernández, Lucho Solano, Vicky Causso, Anita Pinillos, “Papi” Villacorta, Ricardo Chunga, José Ulloa, Lizardo Sanez, Gustavo Bazán, y mi persona. Se combino juventud con adultez. A los siguientes años, se incorporaron otros miembros, como: Crecencia Pinedo, Feder Larios; luego algunos comenzaron a retirarse por múltiples razones.

Mi participación fue permanente, siempre me acompañaba mi cuaderno de campo; donde comenzaba a escribir todo lo que observaba, los rituales que se hacían, los eventos que se organizaba, las reuniones de las Juntas Directivas. Sin exagerar cada año, tenía 2 cuadernos de apuntes de 200 hojas, lleno de información día por día.

Nuestro periodo fue de dos años, pero a solicitud del consejo parroquial, del Párroco de la Iglesia y de los hermanos de la institución religiosa; nos pidieron continuar por dos años más. Es decir se alargó nuestro periodo hasta el 2000; quisieron que continuáramos, pero decidimos poner fin y dar un paso al costado.

Debo resaltar que durante este periodo pudimos fortalecer la festividad, como: 1) Le dimos un matiz más religioso, devoción y de fe a la fiesta; 2) Se cambio rotundamente el arreglo del anda, se le coloco flores naturales para el día central; 3) Se fortaleció la institucionalidad, la identidad cultural y religiosa de la festividad; 4) se promovieron eventos artísticos y folkloricas; 5) Se comenzó a recupera la credibilidad institucional; 6) Se incremento las visitas a Chiclín, durante los días centrales de la fiesta, entre otros.

V

Desde aquel año, decidí ya no formar parte de la institución, porque mi etapa de investigación había culminado, y era oportuno trabajar otros temas. Pero, como dice el dicho “Uno propone, y Dios dispone”, nuevamente fui invitado a formar parte de la Junta Directiva de la Hermandad en el 2017.

Después de 10 años, nuevamente, retorné a formar parte de esta prestigiosa institución que estuvo liderado por “Neko” Chavez, y conformado por: Paul Hernández, Mesías Mariños, María Misericordia, Zuleika Larrea, Dana Blas, Rumualdo Vera, Oswaldo Ramos, Paúl García, Lidia Pereda, María Emilia Mariños. Al año siguiente se incorporaron otros, como también algunos se retiraron de la Junta Directiva, por múltiples motivos.

En este periodo, me interesé en estudiar el tema del financiamiento de la festividad, y su relación con las actividades que se realizan dentro de esta; donde pude observar algunas acciones que se mantenían como el sistema de donación, colaboración, intercambio, las redes sociales para atender a las Danzas, entre otros; y también algunos cambios que se realizaron; particularmente en las actividades sociales, culturales, cívicas, folkloricas, deportivas, y religiosas, en los días centrales de fiesta.

Del mismo modo, en ese periodo se aprovechó mucho los cambios tecnológicos en que comenzaron a aparecer, para difundir las actividades religiosas que se daban durante los días centrales de la Fiesta Patronal. Es decir, se articuló lo tradicional con lo tecnológico, visibilizándose en las páginas web, cables y redes sociales la difusión de la festividad; permitiendo globalizar la cobertura local, regional, nacional e internacional, la fiesta patronal, en vivo y en directo.

Se recibía colaboraciones de manera directa e indirecta, como: las familias que colaboraban con algo para la fiesta que puede ser dinero o bienes comestibles (azúcar, arroz, aceite, carne, avellanas, etc.); además de voluntarios/as que apoyaban en la atención (alimentación) de las danzas y de los invitados, sin ningún costo. De esa manera, se fortalecieron las redes sociales de familiaridad, parentesco y compadrazgo, como apoyo a los directivos de la Hermandad.

A diferencia de la primera vez, en que Chiclín se encontraba en una crisis económica profunda; impidiendo la sostenibilidad económica a la fiesta patronal, como lo hacían anteriormente; ahora la mayor colaboración que recibía la Hermandad provenía de los chiclinense que vivían fuera de la localidad; ya que muchos jóvenes y familias, que habían migrado a diversos lugares de la región, país y al exterior, en busca de oportunidades laborales; colaboraban para la festividad. Es decir, el apoyo a la fiesta patronal no era cubierto en su totalidad por los moradores de la propia localidad, sino de fuera; que a mi juicio eran chiclinense que apoyaban para impedir que sus patrones culturales desaparezcan; además lo hacían por devoción, milagros y fe.

Es importante indicar que el financiamiento de la fiesta se expresaba mediante la realización de actividades económicas antes de los días centrales; estas servían para cubrir, mayormente, gastos, como: a) Traslado de las danzas de su lugar de origen a la localidad y, posteriormente, su respectivo retorno; d) Arreglo del anda de la imagen, traída y recibimiento del inter de salamanca a Chiclín; e) Misa de Campaña, f) Retorno de la sagrada imagen de Chiclín a Salamanca; entre otras actividades. Además, hay eventos que demandaban ingresos, y que podían cubrir parte de la fiesta, como: a) Venta de Bailes; b) Concursos de marinera y danzas folkloricas; c) donaciones de devotos, familiares, autoridades, d) Actividades económicas, como tómbola, venta de comida, pollada deportiva, etc.

En este periodo,  se había constituyo otra institución más como fueron los “Cargadores del Señor de la Caña”, encargado de: 1) Velar por la protección de la imagen; 2) Cargar  la imagen en las diversas ceremonias religiosas y rituales, como: a) Traída del Inter de Salamanca a Chiclín y retorno a su lugar de origen, b) Bajada del Santo Patrón de su altar mayor, c) Conducción de las procesiones de las novenas que se realizan los devotos (familias, instituciones, calles) durante la festividad; y d) cargar el anda con la imagen durante su día central.

En esta etapa se genera una competencia, para recaudar más colaboración; ya que, tanto la Hermandad, la Mayordomía y los Cargadores, remitían oficios de colaboración, casi siempre a las mismas personas o familiares; por lo que, el primer documento que llegaba primero se le colaboraba.

Anteriormente, en el caso de las empresas privadas e instituciones públicas, solamente colaboraban a una sola institución; ahora, la colaboración lo dividían entre las tres instituciones. Perjudicando enormemente a la principal institución encargada de organizar la fiesta.

Debo resaltar que en este periodo la realización de la Fiesta Patronal no se tuvo pérdidas, en comparación a años anteriores en que  arrojaba perdidas; por el contrario, la fiesta había obtenido una ganancia de aproximadamente 600 soles. A la vez, fue la primera y única vez que se presentaba una rendición de cuentas al párroco, y a la comunidad; de esa manera, se actuó con transparencia en el manejo de los recursos. Solamente pude participar en dos años, permitiendo incorporar otros conocimientos sobre la festividad religiosa de esta comunidad.

Durante este periodo, la imagen del “Señor de la Caña de Chiclín”, fue bendecida por el Papá, conjuntamente con otros Santos; por lo que fue trasladado a Huanchaco para recibir dicho reconocimiento.

De esa manera culminó mi participación en dicho periodo, y por motivos laborales, tuve que trasladarme a la capital del país; donde mi presencia en la festividad no ha sido muy permanente.

VI

Nuevamente, para este año, fui convocado por la mayoría de los integrantes de la Hermandad, para que formara parte de la Junta Directiva, a pesar de que les dije que no podía participar debido a mi trabajo que tengo, y que difícilmente podía estar presente permanentemente en la organización de la festividad; lograron convencerme de integrar la Junta Directiva de la Hermandad del “Señor de la Caña de Chiclín”.

En esta ocasión aprovechando mi participación en la Directiva, me va a permitir centrar mi interés en el tema de la cosmovisión, sus creencias, milagros, la relación de la fe con la vida cotidiana, la utilización de la tecnología digital para difundir la festividad religiosa.

Esta nueva junta directiva está constituida por un grupo de ciudadanos y ciudadanas, que hace aproximadamente 10 años atrás, conformaron parte de la institución en el año 2017; además se han incorporado a otros/as que son jóvenes. Como también tienen el respaldo y apoyo del Comité de Damas Chiclinense residentes en Trujillo, conglomerado de personas que apoyan permanentemente a Chiclín, y en particular a la Hermandad de “Señor de la Caña”.

En ese aspecto observamos que la nueva junta directiva se combina la experiencia con la juventud; que va a permitir ir dándole la posta para la conducción de la institución como también de la fiesta patronal.

Como he mencionado líneas arriba, asumir y formar parte de la Junta Directiva de la Hermandad del “Señor de la Caña de Chiclín”, no es un regalo, prestigio o estatus, es una responsabilidad enorme de conducir una fiesta y lograr el éxito esperado, que la comunidad evalúa y comenta. Demanda compromiso, responsabilidad, trabajo, disciplina, y es trabajar durante tres a cuatro días sin poder dormir o pestañear unas pocas horas, porque se asume muchas funciones, tareas y responsabilidades.

De allí se conforman equipos de trabajo, y tareas conforme se van programando y realizando las actividades, que se inician desde la traída del inter que es último jueves del mes de mayo; pasando por otras actividades religiosas, como es el mensal, la bajada de  la imagen, luego vienen las novenas, luego sigue las actividades deportivas, el concurso de marinera, los eventos artísticos, la verbena, el paseo de cera, la misa de campaña y procesión del día central, el concurso de danzas folkloricas, y por último la llevada de Inter. Es una labor sacrificada, pero se hace por devoción, fe, compromiso con el Santo Patron; al finalizar la festividad, viene la satisfacción de haber trabajado por amor al prójimo, y una paz interna.

A lo largo de los 29 años de estudio etnográfico sobre la Fiesta Patronal del” Señor de la Caña de Chiclín”, me he centrado en la “Hermandad”, no he tenido la oportunidad de involucrarme en la Mayordomía, y en la “Cuadrilla de Cargadores”, que tienen una cultura organizacional diferentes, al primero. Ojalá tenga la oportunidad de ser participe, aunque por motivos laborales, me va a ser imposible.

Y por último, este año 2026, la Fiesta Patronal en Honor al “Señor de la Caña de Chiclín”, sus días centrales se realiza los últimos días del mes de junio (26 al 29), cumple 94 años de festividad; falta poco para su centenario. Ojalá podamos seguir viviendo para contarles.