Nuestros sueños fantasiosos de niñez son paliativos de la peor realidad

Por: Amaro Rodríguez S.

La naturaleza humana, nuestro Dios, nos ha dotado de potenciales recursos para hacer frente al mundo real agreste, al que no sabemos entenderlo para arrancarle el sustento diario con el sudor de nuestro rostro, como resultados de injustas realidades que se ceban con los más débiles, pero desde niños aprendemos afrontarlas con nuestros sueños fantasiosos, muy reales para los niños, con los que mitigan las injustas realidades.

La imagen se esta niña sentada seguramente sosegando de una caminata, junto a su fiel perrito con el que conversa, cuidando un gran bulto que dudo que ella podría cargarlo. Para ella en su sueños  no hay injusticia,  ni pobreza extrema por sentirse fortalecida por sus fantasías que siguen el camino de superar cualquier obstáculo.

Esta niña en un ícono de nuestros niños olvidados, por  los que pregonan y fungen de  políticos al ofrecer servicios  los más vulnerables, pero “ojos que no ven, corazón que no siente”. Esos niños como la de la foto, sueñan con la invisible ayuda que recibe de otras personas, que le reportan alegrías y sin causa alguna real  resulta sonriendo, con su corazoncito agitado por esa alegría de recibir, que solamente ella la entiende.

Me recuerda mi niñez cuando aún no tenía uso de razón menos de cinco años, en  sueños de dormido alternaba con personas muy poderosas, que venían ayudar abrir caminos con una máquinas que nunca había visto antes, como enormes Caterpillar conducidas por recias personas  abrieron rápidamente caminos y los nivelaban y se mostraban como mis amigos. Ya despierto en la chacra sentado sobre una piedra, repasaba y recreaba mis sueños y me sentía muy feliz de tener amigos poderosos.

Pidamos bendiciones para que nuestros niños nunca dejen de tener sus sueños fantasiosos que los proteja de reales amenazas y que podamos cambiar  nuestro comportamiento, ceñido a valores para proteger a nuestra indefensa infancia  y más bien trabajemos por su bienestar.

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