Menos poder al político, más poder al ciudadano

Menos poder al político, más poder al ciudadano

Por: José Espinola

La vacancia de Vizcarra acontecida el lunes 09 de noviembre del 2020, refleja algunos defectos que arrastramos desde la fundación de la República: a) Pobreza intelectual y moral de nuestra clase política, b) Inmadurez de la sociedad civil; y, c) La parcialización de los medios de información.

A nuestros políticos no le importa la historia. No les importa el honor de servir a la patria, les importa sus intereses personales. Son capaces de juramentar que defenderán los intereses de la patria, y al poco tiempo, traicionar su juramento. Con sus actos pulverizan la importancia del honor, la decencia y la honradez.

Para los políticos que carecen de doctrina partidaria o formación política suficiente, adecentar la política no es algo que les preocupe. Lo que se nota es una ambición desmesurada por el poder y el cobre.

Por otro lado, las empresas que brindan servicios de información deberían ayudar a equilibrar la balanza de los poderes políticos, pero ello no se cumple plenamente en los hechos. Los medios de información juegan un rol importante en la formación de conciencia ciudadana. Pero poco les importa cumplir ese rol. Los medios de información son empresas privadas que buscan rentabilidad mediante la captación de audiencias. Es más importante para éstas, defender su salud financiera, cuadrar su flujo de caja, mantenerse rentables. En ese sentido se puede sostener que la prensa no es tan independiente y objetiva como se espera.

Y aunque debemos reconocer que vine surgiendo comunicadores independientes (o alternativos) que utilizan canales digitales para difundir información “un poco más objetiva”, aún tienen un nivel de alcance e influencia mediática muy corta. Quizá en el futuro su audiencia crezca en la medida que sus canales digitales se vayan consolidando, mientras tanto, sigue reinando la información parcializada e imponente de las grandes empresas informativas.

La sociedad civil también tiene responsabilidad en la clase de políticos que tenemos. Y el problema no es que los escogemos mal, el problema es que les damos demasiada confianza y poder a ellos. Hemos llegado al punto donde el ciudadano promedio elige a sus representantes y se olvida de su rol fiscalizador y participativo de la vida política. Solo esperamos el último momento, ese donde la razón está enceguecida y las emociones están encendidas al máximo.  En ese preciso momento es que despotricamos de los políticos y nos decepcionamos de ellos, pero nos olvidamos que nosotros (los ciudadanos) los elegimos y los dejamos hacer lo que hacen.

El modelo de elegir representantes y darles toda la confianza y poder, es un fracaso. Es por eso que se debe reducir la cuota de poder delegado a los políticos y ampliar los mecanismos de fiscalización y participación ciudadana. Es el mejor camino para consolidar el proyecto republicano que tanto anhelamos, así como para hacer más democrática la convivencia social y el ejercicio político.

Pese a que nuestro país está lleno de vicios, es importante y necesario seguir bregando para mejorar la convivencia social y lograr que los ciudadanos tengan igualdad de oportunidades, y asuman la cuota de la responsabilidad política que les corresponde por las decisiones que toman. El Perú es de todos los peruanos, y todos debemos cuidarlo, aprender a convivir y conjugar nuestras diferencias, y desde luego también, beneficiarnos de las mejoras que como país podamos lograr en el camino para todos los peruanos.

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