La violencia de los cuidados

Por: Katty Martinez Rodas

Nacer mujer es nacer para servirle a otros, desde poner la mesa, saber cocinar, atender al hermano, primo, padre o abuelo, cuidar al enfermo o al viejo, siempre se le asigna a la mujer los cuidados de otros en casa. Si eres mujer debes saber remedios caseros, acompañar al hospital a los enfermos, saber cambiar pañales y preparar papillas. Si algún familiar está mal de salud, la mujer automáticamente se convierte en la enfermera de cabecera, como si tener vagina nos diera un PhD en las artes de los cuidados y tener pene te inhabilitara para cuidar de alguien más que no sea uno mismo.

Desde pequeñas se les adiestra a las mujeres a cuidar, a pesar de que siempre se nos dice que somos el sexo débil o que somos delicadas, se nos impone el cuidado de otros. Y las mujeres realizamos estas labores, muchas veces por amor a nuestras familias, pero ciertamente porque eso es lo que siempre se nos ha dicho que debemos hacer, como si nuestros hermanos o compañeros varones fueran incapacitados para poder realizar las mismas actividades, como si ellos no pudieran demostrar su amor o respeto cuidando de otra persona.

Es muy injusto ver cómo se le cuestiona a la mujer por no saber cocinar, o realizar cualquier labor doméstica, mientras que en el hombre es algo “normal”, porque claro, a ellos se les impone el deber de ser el proveedor en el hogar. Y cuando una mujer sale de casa a trabajar, regresa a su hogar a seguir trabajando en las labores domésticas, cumpliendo una doble labor invisibilizada por ser “cotidiana”.

Los cuidados a nuestros seres queridos deben ser una muestra de amor, no una muestra más de la sociedad desigual y la violencia machista en la que todos vivimos.

Fuente: La Industria

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