La ministra, los militares y los estereotipos

Por: Wilson Aranda Roncal

Mucha tinta, imágenes y audios han corrido tras la presentación de un grupo de altos oficiales y suboficiales del Ejército vistiendo, sobre el uniforme militar, un mandil rosado, con lo que se pretendía reforzar una campaña contra el machismo, contra las agresiones a la mujer en cualquiera de sus formas. Esto dentro del programa “Fuerza sin violencia – Hombres por la Igualdad” que impulsa el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, cuya titular, Gloria Montenegro, se encargó de colocar la prenda rosa.

Personalmente no creo que esto sea una humillación, un deshonor, una mancha para el Ejército, como se gritaba desde un sector; pero sí me pareció un show rayano en la ridiculez, tanto así que sus efectos se pudieron ver hasta en un conocido programa cómico donde dejaban mal parada a la ministra, obviamente en tono jocoso.

Es que efectivamente, más que para un acto serio que podría ayudar a descender los niveles de violencia contra la mujer en el país, la ceremonia fue para buscar un efecto mediático, que luego cayó en lo burlesco.Pero lo peor es que se usó imágenes que justamente se tratan de combatir. La ministra echó mano del estereotipo de la mujer que usa mandil y solo sirve para los quehaceres domésticos, y se los colocó a los militares, con la errada apreciación de que únicamente representan el estereotipo de machistas, agresores de mujeres y abusivos.

Aquí haré una digresión que será breve pero oportuna, sobre todo porque abona en favor del tema. Durante mis estudios en Europa conocí a muchos universitarios y profesionales árabes que estaban haciendo posgrado, quienes se quejaban del sambenito que les habían colgado en el mundo: la falsa idea de que ser árabe es ser terrorista. Estereotipar a un pueblo, a un colectivo, a una persona, a una profesión en sentido peyorativo conlleva a nefastas consecuencias.

Lo que da vergüenza ajena, es que hay gente que habla o escribe sin conocimiento de causa. Para ellos los militares son la enciclopedia de todos los vicios, y en el colmo de los colmos, incluso los culpan de todas las desgracias del país; la próxima vez que opinen le echarán la culpa al aguerrido ejército incaico del lamentable “más me pegas, más te quiero”.

Estos “críticos” dejan pasar por alto la grave responsabilidad de la clase política, la cual para desgracia de la nación, no estuvo a la altura de las circunstancias desde los inicios de la república.No conocen, o peor aún, a propósito obvian la gran cantidad de militares muertos en la lucha contra la subversión, donde se logró pacificar el país, combatiendo hombro a hombro con los policías y el elemento civil patriótico. Eso para hablar de un pasado cercano.

Y en el colmo de los colmos creen que los cuarteles deben albergar a los delincuentes juveniles, cual reclusorios; o que los soldados deben encargarse de recoger los residuos sólidos, cuando eso es tarea municipal.

El general (r) Roberto Chiabra, dijo sobre estos delantales que los soldados, así como los futuros suboficiales u oficiales, saben desde cadetes que el uniforme se respeta y no puede “adornarse” con cualquier otra prenda ajena a este. Chiabra también señaló que la ministra Montenegro cometió abuso de autoridad.

Aunque, más exacto sería decir que fue el poder político quien lo hizo, pues de acuerdo a nuestra Carta Magna, en su artículo 169, los integrantes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional son no deliberantes y están subordinados al gobierno constitucional. Es decir, incluso el máximo jefe militar no hubiera podido negarse a los actos de la ceremonia del mandil rosado. Si lo hubiera hecho habría cometido insubordinación, lo cual es sancionado.

Por ello mismo, los insultos que en forma vil y grosera le lanzó Philipp Butters al jefe del Estado Mayor General del Ejército, general de división Manuel Gómez de la Torre, constituyen una infamia, por eso tiene todo el derecho el militar de usar la vía judicial para defender su honor, como lo anunció.
En cuanto a Gloria Montenegro, de ella no partió la idea de los delantales rosa. Ella simplemente dio cumplimiento a lo que ya estaba acordado en documentos oficiales del programa “Fuerza sin Violencia” firmados por sus predecesores en el cargo.

Pero seamos sinceros: ¿el agresor, violador o feminicida, dejará de serlo por ponerse un mandil rosado con un lema de defensa de las mujeres? ¡Claro que no! Es igual que las marchas de “Ni una menos”, lamentablemente son protestas platónicas, porque con ello no ha descendido el número de asesinatos a las representantes del sexo femenino. Si bien es loable que como colectivo, exijan a las autoridades medidas reales de protección a su integridad.

Lo que sí se puede reprochar a la ministra, es su defensa cerrada de un hecho que más que impulsar el respeto a la mujer, ha sido blanco de críticas, denuestos y parodias.
Peor aún, parece que ni su homólogo del Interior, Carlos Morán, cree en el mandil rosa, pues cuando una periodista le preguntó si en la Policía se iban a colocar esos delantales, dijo que no y se alejó rápidamente de la reportera de televisión.

De hecho, no se logrará bajar los índices de violencia contra la mujer si es que no se da importancia, por parte del Estado, a la salud mental, que tantas veces se repite ante un nuevo feminicidio; a la educación y a las leyes que protejan de forma efectiva a la mujer. Ya hemos sido testigos de cómo un juez o una juez, un fiscal o una fiscal liberan de responsabilidad a los agresores pese a pruebas contundentes. Es que lamentablemente en nuestro país la ley se acata, pero no se cumple. En todo caso, se cumplen de acuerdo a las circunstancias.

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