Impune hasta el final

Por: Katty Martinez Rodas
Alan García ha muerto, decidió acabar su vida con una bala en vez de enfrentarse a la justicia peruana, y aunque varios de sus escuderos hayan salido a tratar de que lo miremos como un mártir,  siento que no cabe el asco en millones de peruanos de ver como este personaje nos ha robado hasta la tranquilidad de verlo preso.

Es un día de duelo sí, pero no por el suicidio del ex presidente, sino para millones de personas que esperaban justicia por los crímenes cometidos de enriquecimiento ilícito, el BCCI, el dólar MUC, las muertes en los penales, las violaciones en Manta y Vilca, los narcoindultos, el Baguazo, matanza en Los Molinos , Odebrecht.

Hemos escuchado a periodistas preguntando estúpidamente quién es el responsable de lo sucedido, como si el suicidio no fuera un acto lamentable,  sí, pero totalmente personal. No fue un acto de alguien con problemas de depresión (como algunos quieren hacer ver), fue un acto pensado de un sujeto que se sabía acorralado, sabía que con su muerte al menos dejaba asegurada a su familia porque la responsabilidad penal es personal. Y aunque se debe guardar respeto a sus deudos, tampoco podemos romantizar la salida cobarde que García eligió para burlar nuevamente a la justicia, que haya muerto no le otorga inocencia inmediata.

Es espantoso que Mulder diga que Alan ha dado su cuota de sangre para un mejor Perú, tratándolo como héroe, cuando solo lo hizo porque no podía salir del país, porque le negaron el asilo político, porque la justicia estaba tocando por fin su puerta. Alan no fue un héroe, solo una persona con tanto ego que no podía aguantar pisar la cárcel, y la más grande figura peruana de impunidad.

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