15 DE ABRIL DE 1938 MUERTE DE CÉSAR VALLEJO. SU PASO A LA ETERNIDAD

Por: Carlos Caballero Alayo
Chale-cc@hotmail.com
“En suma, no poseo para expresar mi vida sino mi muerte”
Me moriré en parís con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en parís -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
A 82 años de la desaparición física del poeta santiaguino César Abraham Vallejo Mendoza, los críticos literarios y biógrafos de su existencia aún no han dado por concluidos los estudios de su singular obra, pero esta vez vamos a ocuparnos sucintamente de como ocurrió su muerte, que lo dijo con singular visión y que consta en los versos citados y algunos hechos con respecto a su sepelio.
El 13 de marzo de 1938, casi el día de su cumpleaños el vate santiaguino se echa en cama, dice: “a descansar”, en realidad no volverá a levantarse. Gracias a las gestiones realizadas por el historiador Raúl Porras, ante la legación peruana en Francia, fue trasladado a la clínica Arago. Estuvo en cama 33 días.
En la clínica Arago, varios médicos atendieron a Vallejo. Uno de ellos fue el afamado medico Lemiere, que se expresó de este modo acerca del enfermo el 5 de abril de 1938: “Todos los órganos son nuevos. Veo que este hombre se muere, pero no sé de qué…”. En efecto se le practicó toda clase de análisis para dar con el mal físico que lo consumía, pero todo ello no tuvo resultado.
– lunes 11, la enfermedad se agudiza, su temperatura llega a 41°.
– martes 12, pasa por un breve sosiego, pero su rostro se presenta demacrado.
– miércoles 13, a las 10.30 a.m., los médicos intentan hacerle una punción lumbar, pero luego renunciarían a ello. En la mañana su temperatura era de 40.2° y por la tarde de 40.6°.
– jueves 14; se le tomó por una sola vez la temperatura, que indicó 40.6°. Se encontraba sumamente grave y en la noche pronunciaría sus últimas palabras, según su esposa, “Palais Royal” (Palacio Real).
– viernes 15, todo lo que de este día tuvo vida, lo pasó en estado de coma. Expira a las 9.20 a.m.
Se recogen algunas frases del genio que durante el lapso de 33 días que pasó en coma, los dijo en el semi-sueño de su delirio, llamando la atención éstas: “Naturalmente, es imposible ser de otra época: del porvenir o del pasado”, “Cualquiera que sea la causa que tenga que defender ante Dios, más allá de la muerte, tengo un defensor: Dios”, “Allí…pronto…navajas…me voy a España”.
Se encontraba en la sala que murió Vallejo en ese preciso momento su esposa Georgette, su amigo Juan Larrea y “cuto” Oyarzun, artista chileno. El sábado 16, a las 12.00 m. se presentó el escultor Emile Savitry para la toma de la mascarilla. Por la tarde llevaron el cuerpo de Vallejo al laboratorio para proceder a su embalsamiento. El domingo 17, al medio día, lo colocaron en su ataúd en la capilla ardiente, situada en el sótano de la clínica y progresaron los arreglos para hacerle un  sepelio religioso. Fue la Legación peruana la que se encargó de todo.
Cuando ya se ultimaban los preparativos para la inhumación del poeta, gestiona Juan Larrea, Gonzalo More y otros escritores latinoamericanos para que la Asociatión des Escrivais de la Maison de la Culture se encargue de sepultar a Vallejo. Aquí el testimonio que Gonzalo More escribe en una carta del 19 de abril de 1938 “El día 17, me enteré que la Legación que corría con todos los gastos, estaba en momentos de arreglar los detalles para hacerle un entierro religioso. Nos pusimos de acuerdo con Juanito Larrea y otros escritores de la Casa de la Cultura a fin de que se pidiese oficialmente el derecho de enterrar a Vallejo”. La legación accedió.
Entonces, el día martes 19 de abril a las 6 a.m. Vallejo es trasladado a la Casa de la Cultura donde impresionantemente ha sido arreglado el hall. Desde las 8 a.m. los escritores montaban guardia que se cambiaba cada cuarto de hora. A las 12 m. partió el cortejo hacia el cementerio de Montrouge. Allí pronunciaron discursos: El secretario de la Embajada de España (Republicana); Gonzalo More, a nombre del Partido Comunista del Perú, y Louis Aragón a nombre de la Asociatiónm des Escrivais, quién entre otras cosas dijo: “En él (Vallejo) se articulaba el lenguaje de los conquistadores y las tradiciones incaicas, y el milagro consistía en que se hallasen sus síntesis en esta fe moderna en un mundo mejor que había hecho de Vallejo no solo un poeta, sino también un combatiente del socialismo”
A partir del 15 de abril de 1938 César Vallejo pasó a la eternidad, y es oportuno citar a William Shakespeare, que en Noche de epifanía dice: que algunos hombres nacen grandes, otros alcanzan la grandeza y, otros se ven obligados a aceptarla. Quizá el no pudo prever el caso del vate santiaguino, quién a la vez que nació grande, alcanzó la grandeza, y ahora se ve obligado a aceptarla. Y no solo eso, sino que su grandeza también hace grande a otros: Santiago de Chuco es uno de ellos, el Perú también…
Aprovechando este aniversario de su paso a la eternidad del aeda, ahora la humanidad entera viene sufriendo una pandemia denominada COVID-19 y, de la noche a la mañana ha cambiado nuestra rutina, la vida del hombre está en peligro, por lo que invocamos a las autoridades e instituciones responsables a profundizar la conciencia ambiental para defender todo tipo de vida. A este y otros hechos Vallejo no fue indiferente y muchas veces se adelantó a su tiempo, principalmente en su último poemario hay un canto de comunión humana en el sufrimiento y la muerte, o más claro de rebeldía contra el aspecto gratuito, irracional, absurdo del sufrimiento. Citamos algunos versos de su poema Los nueve monstruos. “I, desgraciadamente,/  el dolor crece en el mundo a cada rato/ Jamás, hombres humanos,/ hubo tanto dolor…/ Crece la desdicha, hermanos hombres/ más pronto que la máquina…/ Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?/. Como podemos notar que justamente del mayor sufrimiento se eleva la mayor esperanza, he aquí los dos últimos versos del texto poético citado:
¡Ah! Desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

  1. 15-4-2020.

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